Archivo de la categoría: Terror

‘Dark shadows’. Divertida comedia vampírica.

En el año 1966 se estrenaba en televisión ‘Dark shadows’, bajo la atenta mirada de su creador, Dan Curtis. Bien, pues casi cincuenta años después el friki de Tim Burton, rodeándose de amigos y familiares (Depp y Bonham Carter son dos clásicos, pero también la Pfeiffer), estrenaba su propia revisión del “clásico”, en lo que viene a ser, más o menos, su quinto remake consecutivo (junto con Charlie, Sweeney Todd, Alicia y Frankenweenie).

Visualmente perfecta, el cine de Burton sigue teniendo ese poder de fascinación especial para nuestros ojos. La factura técnica es de diez. Además, el reparto habla por sí solo: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Christopher Lee y Jackie Earle Haley, entre los consolidados. Sin olvidar caras menos conocidas como las de Eva Green, Bella Heathcote y Chloë Grace Moretz. Un lujo. A todo esto, ¿y la historia? Sin grandes pretensiones, esta comedia queda agitada por el terror y lo fantástico, permitiéndose un toque romántico y adornándose entre vampiros, brujas y  mujeres lobo. Supone, también, un recorrido muy particular, entre la nostalgia y la parodia, por la década de los setenta, al ritmo marcado por un repertorio musical muy atinado.

En fin, obra menor (aunque recomendable) en la filmografía de Tim Burton. El cineasta parece darse un capricho homenajeando, creo yo, a una serie que debió gustarle durante su excéntrica infancia. Película ligera, estrambótica, graciosa y fresca. Se ve con gusto.

7/10

‘Urban legend’. Mitos, leyendas y terror.

Bien, eran los noventa y Hollywood encontró el filón en el renacido género del slasher. En esta ocasión, le tocaba el turno a ‘Leyenda urbana’. Cinta repleta de mitos, misterios y, sobre todo, jóvenes aterrorizados.

El director, Jamie Blanks, nos servía un prólogo impactante, tenso. Buen inicio, sin duda. La factura técnica era intachable, y ¿la historia? Pues lo de siempre, un asesino en serie merodeando por un campus universitario. Caras jóvenes, y asustadizas. La narración va perdiendo tensión conforme avanzan los minutos, decayendo así, poco a poco, el interés del espectador. Todo es contado con oficio, aunque con cierto aire rutinario.  

Después de ‘Scream’ (1996), ‘Sé lo que hicisteis el último verano’ (1997) y ‘Scream 2′ (1997), la cosecha del 98 nos dejaba, junto a ‘The faculty’, esta correcta cinta. A los devotos del género gustará, aunque sin excesivo entusiasmo, pues disminuye el nivel respecto a las cintas mentadas que la precedían. En fin, correcta. Imprescindibles las palomitas, y se ve mejor con luz tenue. 

6/10

‘The collector’. Resultona.

Esta película tenía la difícil papeleta de dotar a su historia de una pizca de originalidad para no caer en el pozo de mediocridad, chabacanería y efectismo en el que tantas y tantas cintas han ido, van, e irán a parar.

La historia no está del todo mal. No entusiasma en ningún momento, aunque, la verdad sea dicha, consigue entretener la velada por la vía de la tensión, el gore refinado y la claustrofobia asfixiante. Además, la duración es corta (requisito básico para este tipo de productos), el prólogo es resultón, la narrativa digna y el argumento convincente. Bien, han salvado la faena. Ahora a disfrutar con la sesión de sangre, tripas, escalofríos y sobresaltos, un tanto light, que aquí nos deparan.

En fin, para pasar el rato. Combina tanto con luces y palomitas como con oscuridad y una de uñas. La elección va a gusto personal.

5.5/10 

‘The brood’. Tan genial como errática.

Frank y Nola lo dejaron estar. La mujer, probablemente, era demasiado inestable para el carácter de él. De hecho, está internada en un centro psiquiátrico. Comparten, eso sí, una hija en común, la cual visita a su madre de tanto en tanto como parte de la terapia. El problema vendrá dado cuando el padre se percate de que la niña está repleta de moratones. ¿Qué ha sucedido ahí?

David Cronenberg repetía la receta en cuanto al origen de su historia: enfermedad mental e innovadora técnica curativa. Todo, ya saben, conducirá a una explosión que escupe, casi siempre, mal, devastación y sangre. De un modo u otro, ‘Cromosoma 3′ (como fue horriblemente traducida aquí) me parece un desperdicio (daba para más) en la carrera cinematográfica del canadiense. El cineasta se vuelve más pulcro, más metódico, buscando compaginar la esencia de su cine con los toques necesarios para obtener un thriller de clase, una intriga con un trasfondo terrorífico que viene dado por unos maléficos e inquietantes niñitos satánicos.

Con todo, la cinta no está del todo mal. La introducción y el núcleo central son notables, cumpliendo su cometido del “thrill”, pues te mantiene en suspense por ver a qué se deben tales atrocidades, tan sangrientos crímenes. Posee escenas de  puro terror que nada tiene que envidiar a los grandes clásicos del género. Falla, no obstante, en la resolución de la trama. Un final poco imaginativo que no acaba de estar a la altura de lo esperado. Le faltó dar la puntilla al tarado de Cronenberg.

7/10

‘Rabid’. El apocalipsis de Cronenberg.

David Cronenberg seguía abriéndose camino en el mundo del cine con su personal impronta. Corría el año 1977 y se estrenaba ‘Rabia’, una cinta que nos recordaba, y mucho, a su predecesora, ‘Shivers’. Tiene la curiosidad de estar protagonizada por Marilyn Chambers, una pornstar de los 70 y 80.

Decía que me recuerda a su anterior cinta, y es que la trama argumentativa vuelve a gravitar en torno al maléfico eje integrado por una extraña enfermedad (en este caso, ocasionada por una innovadora técnica de cirugía plástica) que conducirá a la irrupción de una soez criatura que desatará, irremediablemente, el caos y el pánico escénico por todo Montreal. A pesar del carisma de contar con una actriz porno como estrella del cartel, Cronenberg se aleja, en esta ocasión, del componente sexual que sí tenía ‘Vinieron de dentro de…’ (1975). Aquí únicamente se trata de observar, gustosamente por cierto, la propagación del mal encarnada en un horrendo “bicho” sediento de sangre humana.

Una factura técnica correcta para engalanar una historia que da mucho juego y que resuelve con talento el cineasta canadiense, tornándose mucho más explícito aquí que en su primera obra, y poniendo la guinda con una excepcional y devastadora estampa final. En definitiva, pasen y vean como el mundo civilizado se viene abajo. Esto es Cronenberg en estado puro.

7.5/10 

‘Shivers’. Catástrofe sexual en los aledaños de Montreal.

La torre Starliner es un complejo residencial cercano a Montreal. Sus inquilinos, clase media canadiense, gozan de todas las comodidades puestas a su servicio. Las buenas vistas, las grandes instalaciones y la tranquilidad son sus principales señas de identidad. Sin embargo, todo ello quedará perturbado cuando la gente comience a comportarse de un modo un tanto extraño… ¡váya con los experimentos del doctor!

Original propuesta con la que David Cronenberg mostraba, por primera vez, al gran público su particular idisioncrasia cinematográfica. No es una cinta de zombies al uso. La historia está bien elaborada, tiene un poder de atracción inmediato y, a pesar de contar con cuatro duros, la ejecución no cae en la chabacanería ni el cutrerío (tampoco es la película con más clase y pulcritud del planeta). Además, se añade el componente sexual como rasgo singular de la cinta, lo que acaba por resultar una gozosa combinación entre terror y placer carnal. Vamos, una rareza absoluta para el espectador medio.

Inconcebible para las mentes de muchos, esta historia tan sólo podía salir de la cocotera de alguien tan perturbado y excéntrico como David Cronenberg. Un complejo residencial aislado, una enfermedad contagiosa, zombies que incuban un parásito del todo zafio y un delirio total donde se entrelazan el miedo escénico, el caos apocalíptico y el sexo desenfrenado. Una atmósfera inquietante y lograda para una caída a los infiernos nada convencional. Notable.

7.5/10 

‘Don’t be afraid of the dark’. Insulsa fantasía.

Vale, Troy Nixey ha conseguido rodar una cinta de terror fantástico que huye de lo soez, del cutrerío y la bazofia que tanto nos abruma en este género. Presenta una factura técnica intachable que nos transporta, por momentos, a ‘El orfanato’ (2007) o ‘El laberinto del fauno’ (2006). Intuyo que es debido a la alargada sombra de Guillermo del Toro en esta cinta. Además, cuenta con un par de actores de caché, el correcto Guy Pearce y la desaparecida Katie Holmes,  para mover, dentro de lo posible, la historia revisada que aquí nos atañe.

Lo malo de ‘Don’t be afraid of the dark’ viene de la mano de la insulsez. La trama argumental está estancada en todo momento. Los malévolos bichitos, habitantes subterráneos de la inquietante mansión, sólo nos aterran en un par de ocasiones. La hiriente soledad de la niña tampoco me carcome, y no capto la supuesta intensidad y emoción que debiera acompañar su oscuro deambular. El momento culmen del film, sin duda, es el prólogo.   

En definitiva, un producto que no aburre al personal pero que tampoco le hace disfrutar. Como cinta de terror es un absoluto fiasco. Tiene un pase, en todo caso, si la catalogas dentro del género fantástico.

5.5/10

‘Final destination 5′. El cierre de una saga.

Veámos, un poco de retrospectiva: año 2000, James Wong nos impresiona con la escalofriante y conseguida ‘Destino final’. Los productores, se frotan las manos. Tres años después, aparece la cantada secuela. La manufactura David R. Ellis, y el nivel (aunque decente) ya no es el mismo. Sin embargo, Wong cogía el proyecto de la tercera entrega y lo rediseñaba (si se le puede llamar así) para volver un tanto a los orígenes y mejorar un punto el nivel. La cuarta entrega, de nuevo a manos de Ellis, era la peor (infinitamente peor) de toda la saga. Parecía que la fórmula dejaba de tener éxito. Pero… ¡tachán! La quinta entrega sorprendía con frescura y desparpajo, ‘Destino final’, ahora en manos de Steven Quale, volvía por el buen camino.

Lo he dicho alguna que otra vez: en esta saga (quitando la primera cinta) lo que realmente cuenta es presenciar el impactante inicio, para luego disfrutar con la mayor o menor originalidad de cada muerte (dicho así, parece un tanto macabro). El inicio es realmente bueno (esta vez era un puente), y las muertes están más que logradas (la caída de la gimnasta es espeluznante). Además, la trama, para no caer en la excesiva monotonía, le echa un nuevo condimento (una fórmula para sortear la muerte) que, por momentos, se acerca más al suspense que al terror.

En fin, se supone, si atendemos al nostálgico final, que aquí acaban las andanzas de ese sádico destino (no apuesten todo por ello). De un modo u otro, aquí tenemos a la hermana extrovertida, suelta y fresca de la saga. No está mal para los ratos libres.

6.5/10

‘Black christmas’. Maldito desván.

Estamos en Bedford, Quebec. Hace frío, las calles se cubren de blanco, las luces iluminan fachadas y tejados, los niños cantan villancicos. En fin, es navidad. Época ideal para que las chicas de una fraternidad celebren su última fiesta antes de partir hacia sus hogares. Todo es armonioso, divertido… hasta que presenciamos esa cámara al hombro acechando la puerta, y suena el maldito teléfono.

A partir de ahí, Bob Clark se luce. Consigue diseñar una atmósfera del todo claustrófobica, transmitiéndonos la angustia y el desespero de esas muchachas al escuchar la trastornada voz de Billy. Como gran slasher que es, posee una cadena de asesinatos que no tiene desperdicio alguno, alcanzando un clímax final del todo sobrecogedor. Una intriga notable, una tensión permanente (esto es, un buen thriller) y un preciso compás terrorífico.

En definitiva, no esperen encontrar sangre a borbotones, tetas y culos por doquier, sustos fáciles ni giros rebuscados en su trama. No van por ahí los tiros. Todo es pulcro, medido e ingenioso. Grata sorpresa la aquí deparada por Clark, una cinta de fuerte impronta que nos deja para la posteridad a una gran Olivia Hussey, un desván maldito y un carnaval navideño cargado de terror. Ha entrado con todo merecimiento a formar parte del Club.

 8.5/10

‘The evil dead’. Raimi, maestro en el infierno.

Siempre admiré que un chaval de veintidós años como era Sam Raimi por aquel entonces (es decir, en el 81) consiguiera escribir y dirigir, de un modo tan talentoso, esta magnífica cinta de terror infernal, más aún teniendo en cuenta que fue rodada con cuatro duros. Su receta, como nos vendía el marketing, era sencilla, pues gravitaba en torno a cuatro principios claves, a saber: uno, los inocentes deben sufrir; dos, los culpables deben ser castigados; tres, debes probar la sangre para convertirte en un hombre; cuarto y último, los muertos se levantarán. Es decir, si esta biblia personal ramiana no te convence, hazme caso y no veas ‘Posesión infernal’.

La fórmula es fácil: cinco jóvenes deciden pasar unos días de descanso alquilando una cabaña perdida en mitad de un bosque cualquiera (¿en el estado de Michigan, o Tennessee?). Aquí, el bueno de Raimi ya nos introduce sutilmente el panorama que les espera a nuestros queridos amigos… un puente medio derruido, un bosque espeso, una cabaña cochambrosa. Y, cómo no, el famoso libro de los muertos acompañado de un magnetófono que contiene las palabras mágicas para la invocación infernal. 

Quién niegue que, como mínimo, no le inquietan esos planos con cámara al hombro rodados por Raimi en los que nos metemos de lleno en la satánica y salvaje ola de miedo que siembra ese bosque, es porque sencillamente el género cinematográfico aquí tratado no es el suyo. La narración va in crescendo desde el inicio hasta la famosa escena del magnetófono (incluido el tenebroso paseo de Ash en el sótano), la asfixia e histeria se va apoderando de uno hasta explotar con esa pequeña incursión de la inocente joven en el bosque. Luego, le seguirá una cascada de terror, gore y cutres efectos especiales que será una absoluta delicia para los amantes del género, disfrutando como nunca con esa cabaña atiborrada de monigotes poseídos y el careto pasmado de Bruce Campbell.

En fin, el poderoso e imaginativo universo visual de Sam Raimi quedaba aquí presentado. Hollywood pronto echaría sus zarpas sobre él, y es que el cocktail aquí servido no tiene desperdicio, pues cuenta con los ingredientes precisos (cabaña terrorífica, tormenta casera, humo inquietante, maquillaje caricaturesco, hemoglobina por un tubo) para combinar, como ninguno, el terror en estado puro con el humor más fresco y salvaje. Mítica.

9/10