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‘A nightmare on Elm Street’. De vuelta al origen de todo.

Casi tres décadas después de que Wes Craven nos aterrara a todos los que éramos críos con la mítica ‘Pesadilla en Elm Street’ (1984), Michael Bay, príncipe de Hollywood, se dispuso a hacer lo propio pero con los chavales del nuevo siglo. La receta no tenía misterio: se trataba de volver a hacer lo mismo de una manera más moderna, contratando a un director novel, un par de guionistas con oficio y un plantel de actores mayoritariamente juvenil, guapos y con ganas de darse a conocer.

El resultado de todo ello es aceptable. Me ha gustado la revisada propuesta de Elm Street. Como es lógico, al tratarse de un remake, muchas cosas suenan a déjà vu. No quita ello para que sea una película vigorosa, metiéndole un ritmo frenético a la acción para que no decaiga jamás el interés del espectador (uno de los peligros del remake en este tipo de cintas). Tiene ciertas escenas realmente conseguidas, a lo que contribuye una atmósfera bien elaborada, con una puesta en escena tan kruegeriana como actualizada a los tiempos modernos. Le añade como novedad el escalericimiento de cuál era el origen de ese mal, de esa pesadilla, indagando en las entrañas del terrible villano.

Cabe destacar también la excelente elección del reparto para los personajes principales de la historia: Freddy Krueger y Nancy Holbrook (aquí no es Thompson). Los encargados de meterse en tan espinosa tarea fueron ni más ni menos que un actorazo de la talla de Jackie Earle Haley y una emergente estrella hollywoodense como es Rooney Mara. Resalta más el nuevo Freddy Krueger, quien se come la pantalla cada vez que sale en ella. El bueno de Earle Haley era la elección idónea para reencarnar nuevamente al personaje que dió vida Wes Craven. Ha salido victorioso en tan difícil compromiso. Entre los secundarios, mencionar la genial interpretación de Katie Cassidy. Los chavales, eso sí, chirrían un tanto.

En fin, después de todo, me quedo con el año 1984,  con el VHS, con Wes Craven, Robert Englund, Langenkamp y Johnny Depp. Pero lo dicho, esta revisión cumple con creces. Un buen guiño a los admiradores de la saga.

6.5/10

‘The crazies’. Un pueblo de locos.

Nuevo remake de una obra de uno de los emblemáticos del género, un tal George A. Romero. En esta ocasión, le toca a ‘The crazies’, una película que nos sumerge en la dinámica de una población agrícola cerca de Iowa. Allí, el sheriff local pronto descubrirá que algo extraño comienza a suceder entre sus convecinos.

La obra de Breck Eisner queda perfectamente pulida, con una potencia visual ciertamente conseguida para lo que suelen ser este tipo de películas y un ritmo argumentativo trepidante que no escatima en tensión, brindándonos, además, alguna que otra escena de gran calibre (también hay alguna que sobra). En definitiva, esta historia de locos es un derroche de calidad, un más que decente producto que se sirve del ejército y sus mamonadas biológicas para regalarnos un gozoso entretenimiento transportándonos a ese apocalíptico futuro cargado de fuego, sangre y locura.

‘El padrastro’. La piscina, el guaperas y la rubia cachonda.

Hay un tío muy malo, el padrastro. Es un asesino en serie que busca familias rotas, las cuales encuentra de ligoteo en el super, para “recomponerlas” y acabar cepillándose a todo dios.  Luego se marcha y ya no lo vuelven a ver, pues nunca deja rastro. Esa es la historia. Lo malo, que no hay terror, ni tensión. Un poco más, y se les olvida hasta matar a alguien. La peli no tiene chicha. Bueno, hay que decir en su honor, que los dos primeros minutos del film cumplen.

En sí, se podría resumir como un producto que únicamente busca que se luzca la rubia cachonda de turno y el cachas guaperas correspondiente en la piscinita de la casa. Es de lo único que te acuerdas.  Película mala, rozando la bazofia. Un insulso remake con el que más de uno habrá destrozado su potencial carrera artística. En definitiva, 100 minutos de penitencia. Podrían, al menos, haberse ahorrado unos veinte, así hubieran evitado la somnolencia. No la vean.