Archivo de la categoría: Justicia

‘Just cause’. Trampa judicial.

Un macabro crimen (violación y asesinato de una niña de 11 años) conduce al corredor de la muerte a Bobby Earl (Blair Underwood). Él se confiesa inocente, afirmando no haber cometido tal acto y vociferando que fueron los agentes locales, principalmente Tanny Brown (Laurence Fishburne), quienes le obligaron a punta de pistola a declararse culpable. Desamparado y terminal, solicitará la ayuda de Paul Armstrong (Sean Connery). Éste luchará, en plan detective privado, por la vida del muchacho, buscando fallos e irregularidades tanto en la detención como en el consiguiente proceso judicial con el fin de salvarle el pellejo. ¿La clave de bóveda? Ed Harris, un loco sanguinario.

Rutinaria intriga judicial en la que Sean Connery se pone al servicio de la justicia y la ley. La primera media hora, sin ser nada del otro mundo, apunta maneras. El angosto y claustrofóbico mundo que rodea al condenado desprende veracidad, impregnándose cierta asfixia en nuestro cocotero. Sin embargo, la última media hora se adentra en la chabacanería, la incoherencia y la trampa fácil. Guión engañoso y pretencioso que hace que ‘Just Cause’ se sitúe en mitad de la nada, esto es, ni siendo un convincente drama judicial, ni tampoco un inquietante thriller. En fin, chapuza comercial puesta al servicio del lucimiento personal del Sir.

5/10

‘Law abiding citizen’. Reminiscencias del Tea Party.

En plena efervescencia teapartiana nos llegaba a las salas de cine este auténtico peñazo de título ‘Un ciudadano ejemplar’. En él se cuestiona el existir de la Justicia, haciendo especial énfasis en la pérdida de valores a la que está sometida; el apogeo de estadísticas y números en las oficinas de letrados o fiscales; los escondrijos de la legalidad. Kurt Wimmer, guionista del film, pone el dedo en la llaga sobremanera. Sin embargo, su historia no incita a la reflexión. Más bien al contrario, ante una Justicia corrompida, el film no presenta más alternativa que la pura venganza, el “ojo por ojo”.  Incluso se aventura en aniquilar el ideario liberal. Es decir, el retroceso de tres siglos atrás. Y todo como si nada.

Sea como sea, incluso obviando su explícito conservadurismo, el film chorrea por los cuatro costados. Decir descabellado se queda corto. Podríamos decir que el protagonista (Gerard Butler), una especie de Lucifer terrenal, es omnipresente. Sus castigos, con mucha tecnología punta y pirulas por el estilo, son imposibles de parar. Menos mal que ahí está Jamie Foxx, en uno de los peores papeles de su carrera cinematográfica, para con su inteligencia, astucia y pillería salirse con la suya (¡No vayan a pensar que por la vía de lo legal! ¡A qué fiscal se le ocurriría semejante barbaridad!). En fin, mensaje conservador que patea en el trasero a esa cosa llamada Imperio de la Ley. Huelga decir que no está al nivel cinematográfico, por citar algunos ejemplos, de la conservadora, pero humana y veraz, ‘The brave one’ (2007) o de la abrasiva ‘Fallling down’ (1992).