Archivo de la categoría: Intriga

‘The jacket’. Gato por liebre.

Es difícil que con ‘The jacket’, así de primeras, no caigas en las redes de la curiosidad. Por eso le das al play. Un reparto conocido (Adrien Brody, Keira Knightley, Kris Kristofferson, Jennifer Jason Leigh) también ayuda en tal cometido. Además, la intachable factura técnica, unida a la oportuna atmósfera creada por Massy Tadjedin a través de su historia, terminan por ser un escaparate de lujo. 

Sin embargo, el poder de atracción inicial que tiene la película poco tarda en esfumarse. Imagino que habrá que darle un par de visionados para captar en toda su “profundidad” las claves de la chaqueta. Sí, ya. Detrás de los misterios y entresijos propuestos durante su narración sólo encontramos sirope y caramelo a mansalva.

Ramplona intriga futurista. Gustará a los devotos del género, y a alguna inocente alma que ande con las defensas bajas el día de ver esta obra. Sin duda, hace bueno el dicho que rezaba aquello de “dar gato por liebre”. 

5/10

‘Fargo’. Una historia acerca de asesinatos “de ir por casa”.

Jerry Lundegaard es un buen padre de familia, casado con la hija del “cacique” local. Vive cómodamente, podría decirse, mientras trabaja como director financiero en uno de los concesionarios de su suegro. Sin embargo, lleva marcada en la frente la inconfundible impronta del rufián. Montó una estafa por valor de 300.000 dólares que no ha terminado de salir bien, y ahora necesita recuperar ese dinero si no quiere ver cómo sus huesos se desgastan entre los barrotes de un penal. ¿El plan? “Joder, mandaré a dos necios para que secuestren a mi mujer, así el capullo de mi suegro, al pagar el fingido rescate, me solventará el problema“, pensó el bueno de Lundegaard.

Esta es la historia de un perdedor cualquiera. Pero esto no es más que la punta del iceberg. Detrás de tan lastimoso leitmotiv se esconde uno de los thriller mejor pulidos de la década de los noventa. Los Coen le dan una naturalidad pasmosa al asunto. El póster ya lo anuncia, esta es una historia de asesinatos “de ir por casa”. Uno se lo cree de verdad, se mete de lleno en los gélidos parajes que envuelven la ciudad de Fargo. Sin saber muy bien por qué, uno asocia al personaje de Frances McDormand con su vecina del tercero, la que practica encaje de bolillos los miércoles por la tarde, y al casposo de Macy con el primo trapicheras de tu padre. Es decir, los Coen consiguen hacerte transitar los mugrientos pasillos por los que nos conduce su historia de un modo tan veraz como doloroso.

En definitiva, vean esta película. No les defraudará. Eso sí, denle al play con la certeza de que el universo de violencia, dinero ensangrentado, fuego cruzado y locura que nos muestra ‘Fargo’, no les va a resultar, paradójicamente (en caso de que sean ciudadanos bien), ajeno. ¿No les hiere tal sensación? El claustrofóbico y angustioso mundo que rodea a Macy choca de frente con la serenidad y cotidianidad con la que trabaja McDormand. Nosotros, mientras, lo disfrutamos. Obra maestra.

9.5/10

‘Man on a ledge’. De cornisas va el asunto.

Nick Cassidy ha reservado habitación en el Hotel Roosevelt, en New York. Se dispone, muy burgués él, a desayunar como un campeón, incluso permitiéndose el lujo de beberse una copita de champagne de buena mañana. Todo va muy bien hasta que el bueno de Nick decide salir por la ventana y permanecer en la cornisa de tal rascacielos, a la espera de llamar la atención del gran público y de la policía. ¿Qué le ha llevado a actuar así?

La película va de más a menos. El punch inicial no es suficiente para contrarrestar las deficiencias de un guión que rezuma mediocridad. El interés del espectador va decreciendo conforme la tensión narrativa se diluye en una intriga ramplona. Cierto es que nada rechina en la película, pues uno la engulle tan fácil como la olvida. Las caras conocidas del cartel (Sam Worthington, Ed Harrid, Edward Burns, Jamie Bell o Elizabeth Banks) le dan, además, el toque comercial necesario para captar la atención (y los euros) del espectador.

Tiene entre sus activos el acierto de haber dado a conocer a la explosiva Genesis Rodríguez. En fin, entretenida sin más. No le pidan peras al olmo.

5.5/10

‘U.S. Marshals’. Correcta revisión de un clásico de los noventa.

En 1998 algún productor avispado decidía regocijarse en aquel mítico personaje encarnado por Tommy Lee Jones en ‘The fugitive’ (1993), el agente Samuel Gerald. Poco cambiaba pues, más allá de perder parte del punch y la originalidad de su predecesora, y de ver el rostro de Lee Jones en bastantes más ocasiones que cinco años antes.

La intriga había sido elaborada de una manera muy similar, aunque con menos  gracia, añadiendo una nota más de rutina a la cinta. Además, Wesley Snipes será un fantástico actor en el mundillo de la acción, pero no tiene el carisma ni la clase de Harrison Ford. Con todo, la caza se nos vuelve a presentar trepidante, tensa. Uno no se aburre con lo que visiona, ejerciendo el factor “acción” como principal sostén de la película.

En fin, más de lo mismo pero ciertamente desustanciado. Al cocktail del 93 algún ingrediente le han restado, servido ahora (es decir, allá por el 98) con menos glamour y brillantez. Una interesante revisión que sirve, principalmente, para entretener al gran público. Correcta.

6.5/10

‘True crime’. Reloj no marques las horas

Clint Eastwood ya lo tenía todo hecho en el mundo del cine. Aún así, en la década de los noventa, decidía mutar de pieles, reinventarse a sí mismo. Su afán por no convertirse en un dinosaurio que se arrastrara por las pantallas de cine, le iba a llevar a ser considerado, gracias a su larga trayectoria y a su nueva faceta como director de auténticas obras maestras (véase, por ejemplo, ‘A perfect world’), uno de los mitos del séptimo arte.

Una prueba menor de ello sería la película que aquí nos distrae, ‘True crime’. Digo lo de menor a pesar de que la crítica la encumbró tan rápido como le fue posible, dado que parece que la moda actual es etiquetar cualquier trabajo de Eastwood con palabras tales como “obra maestra”. En cualquier caso, el cineasta combina el carisma del personaje principal (interpretado por él mismo), y los sensacionales diálogos que acompañan a éste, con una  intriga bien pulida que consigue cautivar al espectador. Da pie a una atmósfera sobrecogedora, donde uno puede palpar, de inicio, la tensión latente para luego, poco a poco y conforme avanza el minutero, acabar agobiado de verdad. Ahí reside su mejor baza. En su contra tiene la sensación de transmitir cierta blandura al rodear la temática del reo en el corredor de la muerte, como buscando de un modo un tanto forzado la lágrima en el espectador. El toque de sirope postrero tampoco es oportuno, por no entrar a cuestionar el grado de “veracidad” que irradia esta historia y la premura con la que se trata una investigación tan vital.

Con todo, si uno hace sumas y restas, acabará por concluir que ‘Ejecución inminente’ es una película de calidad, un entretenimiento de altos vuelos. Notable película del maestro.

7.5/10 

‘Eyes wide shut’. Cruise Kidman Kubrick.

Doce años después del estreno de su último film, ‘Full metal jacket’ (1987), y tras varias intentonas frustradas de volver a dirigir, como por ejemplo el proyecto de Inteligencia Artificial (no materializada por falta de recursos) o el relativo al holocausto judío (Spielberg se adelantó en la historia), Stanley Kubrick volvía, en pleno estado de forma, con ‘Eyes wide shut’ (1999), una obra de temática controvertida que alcanzó cierto grado de polémica al coincidir que la pareja ficticia, el matrimonio Harford, estaba representado por una pareja, por aquel entonces, ligada en la vida real: Tom Cruise y Nicole Kidman. 

William Harford y su mujer tienen una vida respetable. Inmersos en la alta clase neoyorquina, él ejerce como doctor y ella se hace cargo del cuidado de la hija de ambos, Helena, de siete años de edad, ahora que la galería de arte en la que trabajaba ha quebrado. En uno de sus compromisos sociales, una fiesta organizada por Victor Ziegler, ambos coquetearan, a la sombra de su matrimonio, con distintas personas allí presentes (Kidman con un cincuentón apuesto, Cruise con dos jovencitas modelos), rompiendo así el hielo para que, al poco tiempo y bajo los efectos de la marihuana, en medio de la intimidad proporcionada por su dormitorio, asalte la estremecedora revelación de boca de Alice: “tuve una fantasía sexual en la que no estabas tú, sino otro hombre”, le decía, en esencia, a su estimable marido.

A éste se le derruía su existencia, los cimientos de su relación parecían ahora resquebrajarse. ¿Qué era, entonces, su matrimonio? ¿Una farsa? ¿Un simple teatro que no iba más allá del placer carnal? Su cabeza quedaba colapsada, perturbada ante tan dolorosa afirmación. ¿Qué hacer ahora? ¿Cómo reaccionar ante tan inesperado acontecimiento? Stanley Kubrick nos sumergía así en un juego del todo paranoico, moviéndonos entre infidelidades, traiciones, aventuras nocturnas y sueños fatales. La pasión, el sexo y la fogosidad, ligados con sus dilemas morales y éticos (brutal la escena de la hija del hombre de la tienda del disfraz), parecía impregnarse en la narrativa, dinamitando y cuestionando, a la vez, la figura del matrimonio en la sociedad actual. La mente del doctor parecía ahora enfermiza, obsesiva. No conseguía escapar de ese mundo turbio, lujurioso, inquietante y perverso en el que había caído, casi sin quererlo, después de las palabras de su esposa, representado aquél, en toda su intensidad, en una lujosa mansión repleta de máscaras y juegos oscuros. 

Elegante, preciosista y ardiente dirección del maestro Kubrick en la que supuso su última película, la cual ni siquiera llegó a contemplar cómo se estrenaba en las salas mundiales (murió poco después de finalizar su montaje). La factura técnica es asombrosa, espectacular. El manejo de la luz y el uso de los colores es, simplemente, cautivador. Cátedra para todo aspirante a buen director. La corrompida historia acerca de esa acomodada pareja cuya relación comienza a tambalearse por los celos y las fantasías sexuales, atrapa al espectador, intrigado éste, además, por los sucesos y peligros que acontecen en la vida del doctor durante ese largo paseo nocturno, siendo paradigmático de ello el sobrecogedor mundo que se abría con tan sólo una palabra: “fidelio”. 

En fin, una historia compleja, detallista, abrumadora, enigmática y compatible con múltiples lecturas que servía para poner el broche idóneo a la carrera cinematográfica del imperecedero Kubrick. Una de las mejores películas de la década de los noventa.

9.5/10

‘Frantic’. Desesperante búsqueda.

El doctor Richard Walker llega a tierras parisinas con el fin de dar una conferencia sobre una de sus especialidades profesionales. Viene acompañado de su esposa, Sondra. Recién llegados al hotel, se percatan de que cogieron una maleta que no era la suya por error, así que el doctor decide llamar a la compañía aérea para que les solvente el problema. Mientras tanto, decide ducharse y afeitarse con tal de relajarse. Al salir del baño, su mujer ya no estará en la habitación.

El título define muy bien la sensación que transmite el film. Una historia frenética, agobiante. Enclaustra al espectador haciéndole partícipe de esa desesperante búsqueda protagonizada por Richard Walker, un solitario en tierras desconocidas enfrentándose ante tal magna angustia. La introducción de la acompañante francesa, la sensual Emmanuelle Seigner, servirá para que la tensión no se rebaje, añadiéndole además un feeling especial al asunto. Todo, bajo el marco que proporciona el París más inhóspito y peligroso que uno haya conocido. 

En definitiva, Roman Polanski se luce. Logra un thriller comercial de alto nivel, dando a la tormentosa historia un buen pulso narrativo que cautiva al espectador desde el primer segundo. Todo acompasado bajo el inspirado ritmo del maestro Morricone. Atención, también, a Harrison Ford, pues estamos ante una de sus mejores interpretaciones. Cento per cento recomendable.

7.5/10

‘A kiss before dying’. Notable intriga.

Tiene muy mala prensa este film. Puede que sea porque a todo remake se le mira con lupa, pero el caso es que no llego a entenderlo. A mí me parece una notable película en la que el espectador, por ejemplo y entre otras cosas, puede disfrutar de un Matt Dillon en plena forma.

La historia gravita en torno a los corrompidos sueños de Jonathan Corliss, en lo que supone una ácida crítica a la búsqueda de la felicidad recetada en el ideario liberal estadounidense, aprovechándose así de la vena pasional que acompaña al perverso plan del protagonista para dotar a la narrativa de un tono inquietante, tan corrosivo como incendiario. 

En definitiva, interesante intriga plasmada con buen pulso por James Dearden. Ayuda, digan lo que digan los razzies, ver en el cartel a Sean Young y, sobre todo, a Dillon. Así, déjense llevar por el recital criminal/pasional dado por aquel chiquillo fascinado por los trenes de mercancía de la compañía Carlsson. Seguro que lo disfrutarán.

7/10 

‘A perfect murder’. Revisando un clásico.

Recomendación expresa: no vean este film después de haber presenciado la noche anterior la mítica ‘Dial M for murder’ (1954) de Alfred Hitchcock. En el supuesto de hacer caso omiso a la anterior recomendación, sepan que le estarán haciendo un flaco favor a esta película que aquí nos ocupa, ya que el grado de entretenimiento que atesora se verá drásticamente reducido.

En 1998 algún productor avispado decidió realizar un remake de la mítica obra del británico. Le conseguiría una factura técnica correcta, y una dirección con oficio a cargo de Andrew Davis. Tan sólo quedaba llenar el cartel con nombres conocidos, ahí están Michael Douglas, Gwyneth Paltrow o Viggo Mortensen (todavía no tan popular por aquel entonces), y contratar a un guionista, Patrick Smith Kelly, que le diera cierta frescura a la archiconocida historia.

¿Resultado? Más que correcto. No es una obra repleta de chabacanería, por así decirlo. La trama consigue su objetivo principal, esto es intrigar al espectador con el devenir de los acontecimientos. La fórmula no es exactamente la misma que la empleada por Hitchcock, pues aquí la película sí recurre al aire libre, aunque sí la esencia del plan criminal. Cambia, principalmente, el movimiento de los peones.

En fin, a pesar de estar limitada desde su nacimiento, puesto que el espectador siempre recurre a las odiosas comparaciones, la cinta salva el obstáculo sin mayores problemas. Puede que ayude la clara vocación comercial del film, y el grado de efectismo en el que se sustenta. Con todo, a mí me parece una buena intriga.

7/10

‘Dial M for murder’. El maléfico plan de un marido despechado.

Un escritor neoyorquino, Mark Halliday, ha llegado a Londres. Allí le espera Margot Wendice, su amante. Ésta, se debate entre el amor fogoso del neoyorquino  y la figura de su marido, Tony Wendice. Ninguno de aquéllos dos sospecha acerca de las intenciones del marido, quien tiene un plan maestro para cometer un crimen perfecto. Una obra de ingeniería que llevará al bueno de Tony Wendice, amargado viudo, a recibir una más que considerable herencia.

Sensacional película de Alfred Hithcock. Le basta una pequeña habitación para crear una atmósfera del todo intrigante, cautivando al espectador acerca del devenir de los acontecimientos, sabedores de que nos aguarda más de una sorpresa. No es necesario desentrañar aquí las piezas de este brillante puzzle. Simplemente déjense llevar. No sé si tildarla de obra maestra, pues no acabo de entender exactamente lo que define dicho término, aunque más de una vez recurra a emplearlo. Lo que sí tengo claro es que ‘Crimen perfecto’ se le acerca mucho.

En fin, cátedra de suspense a cargo del maestro británico. El maléfico plan de Tony Wendice, tan sutil como preciso, ya ha perdido la cuenta de uñas lastimadas entre los espectadores. No obstante, no conviene deshonrar la memoria de Frederick Knott, el padre del guión de este film. Al César lo que es del César. Además, únanle el detalle de que cuenta en su cartel con la impresionante Grace Kelly. Todo un lujo. 

9/10