Archivo de la categoría: Cine negro

‘The black dahlia’. Descalabro.

El universo de James Ellroy volvía a ser llevado a la gran pantalla gracias a ‘La dalia negra’. Tenía muchos de los ingredientes necesarios para agradar al gran público, pero erró en la elaboración. Lástima.

No discutiré la factura técnica del film, pues, visto lo visto, es su gran baza. Sin embargo, está puesta al servicio del fracaso. Me aburre esta cinta. En ningún momento consigo adentrarme en esa ciudad cargada de crímenes, misterios inquietantes, bellas damas maquiavélicas y lúgubres rincones manchados de sangre.

El tropiezo de Brian De Palma es importante, de los que duelen. Su película es insulsa, vacía. El triángulo conformado por Eckhart, Hartnett y Johansson, en toda su amplitud, no funciona. Tampoco la investigación de la chica asesinada, pues tiene más sombras que luces, apareciendo éstas, principalmente, cuando está en pantalla una brillante, sensual e inquietante Hilary Swank. Todo ello bajo un denominador común: Josh Hartnett, un buen actor que aquí no termina de funcionar.

En definitiva, un malgaste de talento. La comparación con ‘L.A. Confidential’ (1997) era inmediata e inevitable. Ya saben cuál de las dos sale victoriosa de tal envite. Lo dicho, una auténtica lástima dilapidar tales materias primas en la realización de esta obra.

5.5/10

‘Drive’. Un ejercicio de clase, cátedra de cine.

Driver es silencioso, introvertido y serio. También es rápido, astuto e intrépido. Todo lo combina cuando se pone al frente de un volante, bien cuando trabaja como especialista para los grandes estudios de Hollywood, bien cuando orquesta las fugas de cacos y criminales durante la noche. Su compañía más fiel es la de Shannon, un eterno perdedor. Puede que sea por estar a su lado, o puede que no, pero el caso es que Driver no regenta las mejores compañías de L.A.

Y ahí está ella, la dulce Irene. Ésa que le ganará su corazón. Igual que el muchacho, Benicio. Ambos son un salvoconducto para huir de la tristeza más profunda, y él, esto, lo defenderá hasta las últimas consecuencias. Nadie entendió que no lo hacía por dinero, sino por amor. Quedan pocos tipos como él.

Engalanada con una excepcional banda sonora, todo se mueve al compás que escribe Hossein Amini, a partir del material literario de James Sallis, y que dirige, con mucha clase y pulcritud, Nicolas Winding Refn (bravo por quién lo conociera antes de este film). Una factura técnica asombrosa que nos cautiva desde bien pronto, desde que aparecen los primeros títulos de crédito. Un prólogo tenso, frenético, con mucho brío. El aperitivo ideal. Y un reparto que deja a uno totalmente asombrado. Ryan Gosling está sensacional, puede que la mejor interpretación del año. Carey Mulligan, Albert Brooks, Christina Hendricks o Ron Perlman, lo bordan. Pero yo me quedo con el secundario del año, ése que encarna el fracaso y la derrota con la amargura requerida, un magistral Bryan Cranston. 

En fin, ‘Drive’ es la mejor película del 2011. Así como suena. Es solitaria, taciturna, melancólica. También es amarga, áspera. Dulce y conmovedora por momentos. Brutal, violenta y sanguinaria en otros. Siempre dolorosa, profundamente triste. Por encima de cualquier cosa: la mejor película de amor brindada en mucho tiempo.

9.5/10 

‘Sidney (Hard eight)’. Ópera prima.

Supongo que algún productor avispado vió a la legua que un tal Paul Thomas Anderson, era un cineasta de tanta clase y brillantez que merecía la pena meterlo en el negocio del séptimo arte, aún sabiendo que apenas contaba con veintiséis primaveras por aquel entonces. El tipo tuvo un buen ojo clínico, dado que Anderson no sólo no decepcionó con ‘Hard eight’, sino que ésta no fue más que el preludio a una brillante carrera, todavía por desarrollar, en la que ya lucen clásicos como ‘Boogie nights’ (1997) o ‘Magnolia’ (1999).

‘Hard eight’ no es ninguna obra maestra, ni tampoco lo pretende. Aún así, tenemos el privilegio de asistir a un excepcional retrato de tres almas errantes, supervivientes de una vida que yo no querría para mí. La sutil narrativa de Anderson permite que nos volquemos de lleno en los infortunios de estos perdedores, que nos empapemos con la ternura, el amor o el paternalismo aquí expuestos, pero también con el dolor, el desgarro o la pesadumbre que azotan a nuestros protagonistas. El cineasta sabe moverse, como pez en el agua, dentro del género con el que ha decidido debutar, controlando  y utilizando, con temple, los recursos del mismo. Consigue, con maestría, enmascarar el leit motiv del film, brindándonos, casi para los postres, una escena (*spoiler) que capta, como pocas, la esencia de esta fatalista historia.

En fin, ópera prima elegante, pulcra y rigurosa que basa todo su acierto en una pequeña pero lograda historia que supone un digno homenaje al cine noir. Le debe mucho a la gran labor interpretativa de Philip Baker Hall, John C. Reilly o Gwyneth Paltrow.

7.5/10  

Spoiler

* Un señor de buena apariencia, aparece sentado en una cafetería. Fuma un cigarro y toma un café, cuando, de pronto, se percata de que tiene una mancha de sangre, que se afana en ocultar, en su camisa. Es el pasado, que ni olvida ni perdona.    

‘L.A. Confidential’. Grande y oscura.

Curtis Hanson, en compañía de Brian Helgeland, alcanzó el culmen de su carrera cinematográfica con la cinta que aquí nos atañe, exprimiendo todo el jugo posible del interesantísimo material literario de James Ellroy. Si a ello le sumas una factura técnica escandalosa (qué gran ambientación), una historia grandiosa y un reparto de lujo garantizado (Guy Pearce, Russell Crowe, Kevin Spacey o Kim Basinger, entre otros), te da como resultado una auténtica obra maestra.

Thriller policíaco sumergido en los años 50, en la ciudad de Los Angeles, que lejos de buscar la imagen paradisíaca de la zona, se inmiscuye entre el fango y el lodo, sacando trapos sucios por doquier y mostrándonos la cruda realidad: una ciudad corrompida, al estilo de Sodoma y Gomorra, esperando que alguien haga llover sobre ella azufre y fuego con tal de purificar las almas errantes que allí cohabitan.

Puzzle completo, sin piezas sueltas. Después de presentarnos a la tríada de policías que protagonizarán el baile (el rudo Bud White; el farandulero Jack Vincennes; el honrado Edmund Exley) y de contextualizar un tanto dónde se desarrolla la trama argumentativa (pequeñas pinceladas del negocio del hampa, putas de lujo, prensa sensacionalista y policías corruptos), explotará esta a partir del asunto del Búho, con un crímen múltiple por esclarecer, pretexto ideal para dar paso al ya mencionado azufre y fuego que limpie la ciudad.

Es un lujo ver ‘L.A. Confidential’ (1997). Uno no se cansa de hacerlo, disfrutando con los secretitos que se esconden detrás de cada uno de los rincones de la ciudad, entre policías, jueces, fiscales y mafiosos. Obra maestra que está dentro del Club, además de formar parte de la gran cosecha del 97 (junto con Titanic, Will Hunting, Mejor imposible o Fully Monty). Pues eso, si todavía no lo han hecho, véanla.

9/10

Spoiler

El azufre y el fuego no llegó a L.A. de la manera que lo hizo en Sodoma y Gomorra. Se presentó la misma fórmula, pero con distinta presentación y nombre.

Dudley Smith cayó con todos los honores públicos (en lugar de haber sido satanizado) para no ensuciar la imagen de esa blanca ciudad.

¿El heredero al trono? El ambicioso Exley, que sin saber de modo exacto si alcanzará el nivel de corrupción de su antecesor, sí sabemos con certeza que de primeras ya entra al trapo con los tejemanejes y jueguecitos de los peces gordos al asumir el cargo y tragar con lo de Smith.

‘Road to Perdition’. Esto es cine del bueno.

Sam Mendes lograba con ‘Road to Perdition’ una de las películas más completas de los últimos años. Una historia con sabor añejo, de las que ya no se hacen en Hollywood, focalizando su atención en la jugosa acción gangsteril del Chicago de los años 30.

En ella, un padre y su hijo, se verán devorados por su propio entorno, iniciando un memorable viaje por el este de la geografía estadounidense, buscando, al tiempo, venganza y clemencia, acechando, por igual, la libertad y la muerte, poniendo en jaque al mismísimo Al Capone.

Servida a fuego lento, con unas interpretaciones memorables, tanto de Paul Newman como de Tom Hanks, y ofreciendo una factura técnica impecable. Es una de esas películas en la que sobran las palabras, pues no requiere de presentación ni de pleitesía alguna. Simplemente, uno la ve, se emociona con ella, disfruta y aplaude.

‘Sin City’. Viejos tiempos, malos tiempos.

‘Sin City’ fue llevada a la gran pantalla por los hermanos Weinstein, generalmente un seguro de calidad, en el año 2005. Teniendo en cuenta que el autor del cómic, Frank Miller, se volcó en la adaptación cinematográfica del mismo, y que sus compañeros de trabajo fueron ni más ni menos que Robert Rodriguez y Quentin Tarantino, muy mal lo tenían que hacer para que la cosa no quedará apañada y digna de admiración. Más aún, rizando el rizo, si vemos entre el reparto a gente de la talla de Bruce Willis (uno de mis favoritos), Mickey Rourke, Clive Owen, Benicio del Toro, Elijah Wood, Brittany Murphy, Rosario Dawson o Jessica Alba. Es decir, todo un lujo a la vista del cartel.

El film se estructura en torno a tres historias con distintos puntos de conexión pero que guardan suficiente independencia entre sí. La primera historia está protagonizada por Bruce Willis, un Don Nadie dentro del mundo policial que busca retirarse de una manera honrosa. Es decir, salvándole el pellejo a una niña de 11 años que está a punto de ser violada y asesinada por el hijo del Senador de la ciudad. No será fácil tarea. Conviene advertir que la historia se encuentra dividida en dos partes. La primera abre la película, en la segunda la indenfensa niña se ha convertido en una explosiva bailarina (lanzó al estrellato a Jessica Alba).

La segunda historia es, para mí, la mejor de las tres. Está interpretada principalmente por Mickey Rourke, quien se pone el traje de un tipo malo, rudo y con un físico facial alejado del concepto estándar de hermosura. Sin haber tenido nunca a una mujer entre sus manos, quedará prendado por Goldie, una encantadora rubia que le satisfará sus necesidades sentimentales y sexuales. Sin embargo, al amanecer la mujer no despertará. Alguien la asesinó, y él buscará venganza en la figura de un sicario muy sutil movido a través de las órdenes de un religioso que impera en la ciudad. Curiosamente el poder religioso y el político van de la mano en Sin City, pues éste líder espiritual no es más que el hermano del Senador.

En la tercera historia nos encontramos a una desorientada mujer, interpretada por una Britanny Murphy que ya nos ha dejado, que frecuenta compañías nada recomendables. Entre sus amantes se encuentra un violento Benicio del Toro, con ganas de marcha, atiborrado de alcohol y anclado a la puerta de la atractiva rubia, esperando que ésta abra. Lo que no sabe es que dentro del apartamento está Clive Owen, un sanguinario tipo que no dudará en eliminarlo. Historia irregular que combina el naufragio de Murphy con la miserable existencia de Old Town, el barrio donde la ley es la ley de las putas. Un barrio sin policía ni mafiosos. Un orden que no conviene alterar.

La esencia de ‘Sin City’ se encuentra en el cariz grisáceo, lluvioso y sombrío que envuelve a la ciudad. Una ciudad donde la ley parece existir no tanto para dictar justicia como para imperar de manera despótica. Tres individuos, tres hombres crespusculares, de esos que viven en el borde del abismo de una manera crónica, son los escogidos para explicitarnos la turbiedad de esa castigada ciudad. Fueron ellos, pero a la vista de lo que nos muestran, podría haber sido cualquier otro el protagonista de una película  con una factura técnica impecable, adornada con mucho mimo, lo cual ayuda, y mucho, a conseguir la ambientación necesaria para hacer creíble este tipo de historias donde el espectador no puede hacer otra cosa que no sea identificarse con esos perdedores que buscan hacer el bien, dictar justicia a su modo, sabedores que no tienen nada que perder, tratando de olvidar los viejos tiempos, los malos tiempos. Unos tiempos que marcan el día a día en Sin City. Una ciudad llena de corruptelas y mafioseo. Una ciudad donde las élites juegan a lo que quieren, cuando y donde quieren, bien sea violando niñas o despedazando a prostitutas. Una ciudad donde el polícia que trata de hacer algo acaba en chirona. Una ciudad repleta de miserables llenos de dolor y resentimiento. Una ciudad que desprende poesía, poesía crespuscular de toda esa triste realidad. Verdaderamente conseguida, de lo mejor de la década.

¿Lo mejor? El garito que sirve como nexo entre las distintas historias, donde todos los personajes se combinan en un marco cargado de vicios, desprendiendo un aroma salvaje gracias a esos rudos hombres que beben sus copas mientras contemplan sedientos de sexo el baile de una explosiva rubia, a la espera de cualquier mal gesto o mala palabra para poder enzarzar una pelea con cualquier otro tipo duro como él. O simplemente a la espera de proteger tu honor, lo único que te queda. Curioso que las tres historias tengan como motor de acción la protección de indefensas mujeres (Bruce Willis/Jessica Alba, Mickey Rourke/Jaime King, Clive Owen/Brittany Murphy).

‘Where the truth lies’. Empacho de langostas.

Primera película que he tenido la ocasión de ver de un enaltecido cineasta como Atom Egoyan. Todavía no he comprobado si es digno de la reputación que atesora, pues desconozco la calidad de su filmografía. Una cosa sí tengo clara, si fuera por ‘Where the truth lies’, la obra aquí comentada, el cineasta en cuestión no pasaría de la condición de mediocre.

La película gira en torno a una investigación de una periodista, interpretada por Alison Lohman, que deja mucho que desear. Se trata de esclarecer un turbio acontecimiento, cargado de lujuria, que acabó en la muerte de una joven y atractiva rubia. No obstante, la investigación es engañosa, liante y confusa. Tiene demasiados entresijos, no acabando jamás de arrancar, pues enlaza tropezón tras tropezón, conduciendo al espectador inequívocamente a esa sensación tan molesta como es la del aburrimiento derivado de la pesadez.

Torpe película que parece no haber plasmado en imágenes lo que los folios prometían y que además peca de pretenciosidad en más de un momento. Tenía buena pinta la historia, pero yo me perdí a partir del quinto plano de las langostas. Se salva Alison Lohman y ciertos momentos de interés (son los pocos). Desperdiciada absolutamente.