Archivo de la categoría: Aventuras

‘Three kings’. A tortas con Bush y Saddam.

La guerra del Golfo ha terminado. Sin embargo, en un control rutinario sobre la población iraquí, tres soldados estadounidenses se encuentran con un botín inesperado: un mapa del tesoro. Al más puro estilo mercenario, el capitán Archie Gates, los sargentos Troy Barlow y Chief Elgin y el soldado Conrad Vig se inmiscuirán en la ardua tarea de buscar el oro de Saddam.

Buena película de David O. Russell. Así, combina con acierto el grado de acción necesario, junto con una denuncia abierta encaminada tanto al despotismo (ahora ya pasado) ejercido por el atroz Hussein sobre su población, como, principalmente, a la actitud pasiva del gobierno estadounidense y sus militares en el asunto. Para ello se sirve de una pedagógica mutación en la conducta y actitud de los cuatro soldados que protagonizan la película (aunque en cartel y título se quedaron en tres), quiénes pasan del puro egoísmo lucrativo a la kamikaze y solitaria aventura de protección de las víctimas del régimen Hussein. 

En definitiva, cinta comercial de acción trepidante que camufla, no obstante, entre explosiones, disparos y maletas de oro una feroz crítica al papel ejercido por la Administración Bush en la primera guerra del Golfo. Buena película.

7/10

‘The adventures of Tintin: Secret of the unicorn’. Fuegos artificiales.

No me ha gustado el resultado final de ese macroproyecto cinematográfico, encabezado por el Rey de Hollywood, Steven Spielberg, acerca del mítico personaje de Hergé: Tintín. 

Me explico. Parece claro que las aventuras aquí brindadas no están mal. Y recalco lo de “no están mal”, porque no son “una delicia exquisita; lo mejor que jamás se ha hecho; un gozoso disfrute” o cualquier otro tipo de comentarios parecidos, de corte inflacionista, lanzados por la crítica mundial (¿la tendrá a sueldo el bueno de Spielberg?). Sí es cierto que el nivel técnico aquí deparado es altísimo, pero no conviene olvidar, en esta cinta más que en ninguna otra, que el medio no es el fin (¿o sí?). El fasto, en esta ocasión, tan sólo sirve para engalanar una historia pobre, cuya esencia gravita, como ya se ha dicho, en torno a la idea de vomitar al espectador una interminable lista de aventuras y situaciones (mediocres casi todas ellas) frente a las que deberá luchar, con su ingenio y maestría, el bueno de Tintín.

Resumiendo, noto la trama muy simple, además de pasada de rosca. Quiero decir, hay una sobresaturación de “aventuras” total. Y  ello va en detrimento de la intriga. Ésta no me cautiva para nada. No me mordisqueo las uñas pensando en el esclarecimiento final del “secreto del unicornio”. Vamos que suena a hueco que no veas. Mucha tecnología punta, mucha calidad visual y muchos fuegos de artificio. Todo puesto al servicio del entretenimiento básico, puro y duro. En fin, un Tintín guapetón, aséptico y aburrido.

6.5/10

‘Star wars. Episode VI: Return of the Jedi’. Luke Skywalker y el final de una saga.

En 1983 llegaba el momento de que el maestro George Lucas cerrara la saga que el mismo había creado para deleite de los espectadores. ¿Cómo terminarían todas aquellas aventuras galácticas? Pues bien, aquí está ‘El retorno del Jedi’. Tenía dos antecedentes tan poderosos y fastuosos, que era difícil superar el nivel de calidad de aquéllos. Con todo, el sexto episodio supone un broche acorde a las circunstancias, pudiendo cerrar con él una época gloriosa para el sci-fi galáctico parido por Lucas.

Se combinan aquí aventuras varias que suponen una auténtica delicia para los ojos. Desde el rescate de Han Solo en el árido planeta Tatooin, pasando por la última consigna de Yoda a Luke en Dagobah, hasta llegar a la lucha de las fuerzas rebeldes (incluidos nuestros intrépidos protagonistas) en la luna de Endor, en ayuda de los entrañables Ewoks, contra los maquiavélicos planes imperiales de construir una nueva Estrella de la Muerte que permita eliminar cualquier resquicio de rebelión. Sin olvidar, como es lógico, el choque de intereses existente entre Luke Skywalker y El Emperador y su discípulo, Darth Vader. ¿Qué lado de la fuerza se impondrá? El título es claro, ganarán los jedi. El último (o quizás el penúltimo) jedi, el que traerá el equilibrio a la galaxia, ése es Luke Skywalker (ojito a la nueva sorpresa familiar de la cinta con la Princesa Leia).

Mítica y eterna lucha final, escena imborrable que pasará a los anales del cine. El descarrilamiento moral del maléfico Darth Vader, con la vuelta a sus orígenes, encontrados nuevamente en la figura de su hijo Luke. 

En fin, la guerra civil concluía. La República se imponía de nuevo al Imperio. Los males pasaban, y nosotros sonreíamos al comprobar como lo festejaba la galaxia entera, y especialmente nuestros protagonistas. Eso sí, mirando de reojo a tres jedis de tan buen poder como Yoda, Obi-Wan y Anakin, ahora reconciliados y en paz. Gracias Lucas por tener una imaginación tan hipnótica y fantástica. Mitiquísima.

9.5/10

Spoiler

¿Por cierto que disputa personal tuvo Lucas con Sebastian Shaw, el mítico Darth Vader (o más bien, Anakin en la versión original), para eliminarlo en la nueva versión?

‘Star wars. Episode V: The Empire strikes back’. Así es, la mejor de la saga.

Todo es magno en ‘El Imperio contraataca’. Para comenzar, tiene uno de los mejores prólogos del género de aventuras que yo haya visto jamás, basándose en la supervivencia, in extremis, de Luke Skywalker, en ayuda de Han Solo, ante el asalto de una especie de yeti, aborígen de ese mítico planeta helado, Hoth, donde tienen su guarida las fuerzas republicanas. En segundo lugar, la búsqueda y captura de las fuerzas imperiales consigue transmitir el punto de acoso crónico durante todo el film, desde la batalla inicial en Hoth hasta la persecución por el campo de meteoritos, concluyendo en la emboscada de Bespin. Asfixia continua que nos invade hasta la irritación total, sintiendo como propia la desesperación de Chewbacca, cuando comprobamos que el pobre Han Solo ha caído en las redes de Darth Vader. Tampoco olvidemos el feeling existente, más álgido que nunca, entre la Princesa Leia y Han Solo, o entre los dos androides más populares de la historia del cine, R2-D2 y C3PO. Y qué decir de la entrada de Luke en el planeta Dagobah, lugar de exilio del maestro Yoda, con su aprendizaje jedi, combatiendo sus miedos y temores en una cueva oscura donde luchar contra los fantasmas que le persiguen. Por no hablar, impresionante, del combate final en Bespin, entre Darth Vader y Luke Skywalker, desvelando aquella frase, que no citaré textualmente aquí, tan impactante, nostálgica y eterna.

En definitiva, estamos aquí ante la obra más pulida y completa de toda la saga. Un auténtico lujo, un espectáculo gozoso, un hito en el género del sci-fi, intercalado éste con las inefables aventuras de nuestros intrépidos personajes que tantas horas de entretenimiento nos han ocupado. Sí, ésta es mejor que el Episodio IV. Una auténtica obra maestra de la factoría Lucas.

10/10

‘Star wars’. Mítica aventura galáctica.

Corría el año 1977 cuando George Lucas deslumbraba al mundo mundial con esta mítica, añorada y sempiterna cinta, ‘Star wars’, que hablaba acerca de unos rebeldes, fieles a una tal República, que luchaban por su dignidad y libertad frente al Imperio Galáctico, malvado y osado. Todo adornado con princesas, caballeros jedis, alucinantes espadas láser, aeronaves galácticas y planetas del todo desconocidos.

La trama se inmiscuía, de lleno, en la guerra (de ahí, el popular título) entre fuerzas imperialistas y rebeldes republicano/demócratas, aunque sin llenar de excesiva profundidad esta dicotomía sociopolítica. Todo era sencillo, de tan sencillo nos parecía mágico, fabuloso. Lucas sabía conjugar como ninguno la pirotecnia fantástica o la aventura desenfrenada, con la profundidad argumental que daban todos sus personajes.  

Una princesa, de nombre Leia, mientras es apresada por el tirano Darth Vader, consigue enviar a unos androides, R2-D2 y C-3PO, en busca de Obi-Wan Kenobi a un planeta árido como ninguno, en el que, a su vez, habitaba un joven intrépido, Luke Skywalker. Luego vendría la creación del vínculo entre éstos, y su contacto, en una mugrienta taberna, con Han Solo, Chewbacca y el mítico Halcón Milenario.

El pretexto eran unos planos que contenían las fortalezas y debilidades del proyecto más maligno del Imperio Galáctico: la Estrella de la Muerte. ¿Quién saldría vencedor de este envite? Eso es cosa sabida. Como lo es que ‘Star wars’ es una auténtica obra maestra del género fantástico y de sci-fi. Las escenas que nos depara son imborrables en nuestra memoria, y sus personajes han pasado a la historia del imaginario popular.

Luego vendría lo que vino: dos cintas más que completaron la trilogía original, más uno trilogía inicial moderna, acompañado todo de una abrumadora facturación en términos de productos varios vendidos en cada punto del planeta. Antes fue ‘Star wars’, una placentera y sideral aventura.

9.5/10 

‘Star wars. Episode III: Revenge of the Sith’. El lado oscuro de la fuerza.

Bueno, pues el maestro George Lucas cerraba su trilogía inicial (que no original) con este tercer y oscuro episodio. El universo esclarecedor que antecedía al mundo mostrado en los sagrados episodios IV, V y VI, quedaba culminado aquí a través de una fascinante y pirofantástica historia, la mejor de la trilogía moderna.

A través de ‘Phantom menace’ (1999), presenciábamos como la cálida y democrática República Galáctica, era puesta en jaque por la invasión de Naboo a manos de la Federación de Comercio, puesto al servicio de Lord Sidious. Sin embargo, los maestros jedis Gonn-Li y Obi-Wan conseguían solventar, junto con la ayuda de Padmé Amidala, el problema creado. El Senado, siempre endeble y rígido en sus decisiones, pasaba a ser controlado por Palpatine. Era en ‘The attack of the clones’ (2002), la entrega más floja de la saga, cuando todo comenzaba a teñirse de tinieblas. La investigación de Obi-Wan le llevaba a descubrir la creación de un ejército clon al servicio de la República. ¿Pero quién dió la orden de su creación? Todo apuntaba al siniestro Lord Sidious. Mientras, en el corto plazo, estallaba un conflicto civil debido a un movimiento separatista, y su ejército droide, impulsado por el Conde Dooku. La República se resquebrajaba.

Y es aquí, en ‘Revenge of the Sith’ (2005), cuando todo se desploma, se torna oscuro y siniestro. La República ya está en plena guerra civil. El ejército clon junto con los jedis, fieles al régimen democrático, luchan frente al ejército droide de los separatistas en todos los puntos de la galaxia. Sin embargo, un plan perverso hay en el fondo: la figura de Lord Sidious va a ser mostrada, su estrategia, hasta ahora semioculta, se vuelve explícita. Esto es el lado oscuro de la fuerza, el punto más lúgubre de la saga.

Obra maestra la aquí ingeniada por George Lucas. Supone el broche perfecto para poder disfrutar de la trilogía original, sabiendo, ahora sí, todos los resquicios existentes previamente a la creación del Imperio dominado por Darth Vader. La mutación de Anakin rompe el corazón de Amidala, y más aún de Obi-Wan. “Al exilio me veo obligado”, afirmaba Yoda. Así es, son malos tiempos para la República, para la democracia y para los jedis. Es la hora del Imperio, la fuerza del lado oscuro, representada en los Sith, ha salido victoriosa.

9/10 

‘Star wars. Episode II: Attack of the clones’. Amidala y Anakin.

George Lucas nos presentaba el segundo volumen de su fastuosa obra maestra: “El ataque de los clones”. Las andanzas ya iniciadas en ‘The phantom menace’ (1999) seguían su curso del mismo modo que antaño, a través de una poderosa, magnética y cautivadora fantasía visual, unida, cómo no, a la esclarecedora historia que buscaba atar, uno a uno, todos los hilos pendientes con tal de compactar la saga, satisfaciendo el apetito de los fans por conocer el mundo anterior al de la mítica trilogía inicial.

Si te gusto el primer episodio, ‘El ataque de los clones’ también lo hará. A mi parecer, le falta cierta profundidad en su historia, siendo la trama argumentativa más plana que en el primer episodio, cómo buscando únicamente resolver el trámite, centrándose George Lucas, sobre todo, en mostrar la evolución de Anakin, además de ir enseñando, aunque sea de un modo tímido, los preparativos maquiavélicamente ingeniados por Darth Sidious para poner fin a la existencia democrática de la República. Después de resolver los orígenes, aquí presenciamos el paso intermedio de un modo gustoso, en la línea de calidad marcada por el universo de George Lucas. 

8/10

Spoiler/Argumento

La República Galáctica sigue decrépita. El Gobierno del Canciller Palpatin es acusado de corruptelas y mala gestión, estallando un conflicto separatista, encabezado por la oligarquía que controla la Federación de Comercio, que acabará por poner en jaque a la estabilidad del régimen. ¿Qué hacer frente a esta amenaza inminente? Los políticos de la República se dividen entre aquellos que apoyan la creación de un ejército, y los que no, dentro de los cuales destaca la voz de la Senadora Amidala, antigua Reina de Naboo, y principal objetivo a eliminar por el movimiento separatista.

El Consejo Jedi, por tanto, se ve desbordado ante esta situación. No son suficientes como para frenar un conflicto civil como este. Aunque, de momento, se centrarán, tanto Obi-Wan como su aprendiz Anakin Skywalker, en la protección inmediata de Padme Amidala. Esta tarea les llevará, por empeño del joven padawan, a la investigación de quién hay detrás de los intentos de asesinato de la Senadora. Será el maestro Obi-Wan, siguiendo el rastro del cazarrecompensas que acechaba a Padme, quien descubra un terrible secreto oculto en el planeta Kamino, lugar en el que los kaminoianos están construyendo un ejército de clones por orden de algún Jedi.

Mientras, Anakin se marchará a Naboo con Amidala, buscando protegerla de los males que la persiguen. Allí estallará un amor secreto entre ambos, con diálogos y reflexiones que irán marcando la incipiente atracción por el lado oscuro del joven padawan. Sus temores y miedos, le conducirán, en compañía de Amidala, al planeta Tatoon en busca de su madre. Tal búsqueda resultará del todo dolorosa cuando descubra que los Tusken, moradores de las arenas, habían secuestrado a su amada madre, pereciendo esta en sus brazos, haciendo estallar toda la ira y el rencor que lleva dentro.

Por su parte, Obi-Wan, además de haber descubierto el ejército clon en Kamino, sigue el rastro del cazarrecompensas, quien le llevará al planeta Geonosis, lugar en el que reside el verdadero corazón de los separatistas, encabezados por el misterioso conde Dooku, antiguo padawan de Yoda y maestro de Qui-Gonn. Enviando un mensaje al Consejo Jedi, estos acudirán en auxilio de Obi-Wan, librando, para desgracia de la República, la primera batalla entre los droides de los separatistas y los clones de la República.

Como diría el Maestro Yoda, quien salvo a Anakyn y Obi-Wan de una muerte segura en Geonosis frente al conde Dooku (le amputa el antebrazo al padawan), nadie ha vencido en esta batalla. El camino de la República será tortuoso a partir de ahora que las armas ya han sido mostradas.

Todo quedará con un ejército de clones ya formado al servicio de la República. Una República caótica en la que uno no sabe quién gobierna y en pro de qué intereses. Cuidado con el personaje del conde Dooku, interesado, astuto y hábil, al servicio de Darth Sidious, y cuyo fin ya parece haberse satisfecho: allanar el camino para que estallara el conflicto interno.

Amidala y Anakin se casarán en secreto en los Lagos de Naboo…. 

‘Star wars. Episode I: The phantom menace’. Orígenes.

Aquí comienza ‘Star wars’, la mítica saga con la que muchos de nosotros hemos crecido, disfrutado y soñado. La fantástica imaginación de George Lucas es plasmada a través del fasto, la grandeza y el poderío visual que nos depara esta “amenaza fantasma”.

Es un punto de inicio magnífico, rozando la excelencia, a partir del cual el maestro Lucas comienza a cimentar las bases de su magna saga, perfilando los orígenes de los personajes claves, así como marcando las líneas argumentales maestras que acompasarán el devenir de los siguientes episodios. Todo ello sin menospreciar el presente, con una entretenida, fantástica y vertiginosa estratagema cargada de planetas invadidos, boicots comerciales, reinas en jaque, amenazas latentes, malvados tan carismáticos como Darth Mour o jedis tan bondadosos y nostálgicos como Qui-Gonn.

8.5/10

Spoiler/Argumento

La República Galáctica atraviesa una crisis institucional sin precedentes. Toda su magnitud interestelar parece haber entrado en declive. El Canciller Supremo, un débil Finis Valorum, ha cedido poder frente a los burócratas que imperan en Coruscant, un planeta-megalópolis en el que reside la sede del Senado de la República, así como el Consejo Jedi.

Mientras, una coyuntura económica adversa como es la imposición de una serie de rutas comerciales, podría dar el golpe definitivo a la República a través de las fuerzas de la Federación Comercial, contrarias a esta decisión económica, y controladas en la sombra por el misterioso Darth Sidious y su estratagema incendiaria, cuyo punto de inicio es la invasión del Planeta Naboo, reinado por Amidala y representado en el Senado por Palpatine.

A fin de evitar la posible catástrofe, el Canciller Supremo decide enviar a dos Jedis, guardianes de la paz y la justicia, como son un mítico Qui-Gonn Jin y su joven aprendiz Obi-Wan Kenobi, para negociar con el virrey de la Federación, deperando como resultado un infructuoso diálogo que sustituye las palabras por violencia. Ante tal tesitura, los jedis no tendrán más remedio que refugiarse en Naboo y advertir a la Reina Amidala de los maquiavélicos planes ingeniados por la Federación.

Con la invasión de Naboo ya en marcha, no tendrán más remedio que abandonar el Planeta en busca de una ayuda política en Coruscant que resuelva toda esta crisis. Sin embargo, por avatares del destino, su nave deberá hacer escala en el agreste Planeta Tatoon, lugar en el que se encontraran con un extraño y poderoso niño-esclavo: Anakin Skywalker. Éste impresionará a Qui-Gonn, quien no dudará en llevarlo consigo.

Todo terminará en dos lugares distintos: En Coruscant, ante la ineficacia política allí existente, Amidala seguirá las instrucciones de su Senador y pedirá la cabeza de Finis Valorum, siendo este sustituido por el hábil y ya nombrado Palpatine. Mientras, en Naboo, el ingenio estratégico de Amidala servirá para acabar con la invasión enemiga. La red de la Federación será esquivada, aún con la amenaza fantasma de los Sith, jedis atraídos por el lado oscuro. De hecho, este Episodio I no será más que una batalla perdida por Darth Sidious y su aprendiz Darth Maul, quien caerá frente a Obi-Wan aunque con anterioridad allá podido con Qui-Gonn, el cual dejará una última voluntad a su aprendiz: “enseña a Anakin”. Con los recelos de Yoda, no obstante, Obi-Wan se convertirá en su maestro.

‘Super 8′. Valor añadido.

En busca de aire fresco, evadiéndome del sofocante calor de la calle, acudí (como buen feligrés) a una sala de cine cualquiera de la ciudad. Allí, pretendía oxigenar mis pulmones y cocotera. La entrada, con tal de cumplir aquélla misión, ya hacía tiempo que tenía nombre y apellidos: Super 8. El resultado no podía ser más satisfactorio, y es que cuando uno acude plenamente virgen a una sala de cine, sin saber lo que allí va a encontrar, la impresión puede ser del todo extrema. O flipas, para bien, con lo presenciado, o puedes ir buscando la puerta de salida. Aquí fue la primera sensación, pasando ya el título de “Super 8″ a la categoría de mítico: cuidadito, junten esta obra con la primera grabación de Los Planetas. Ahí es nada.

No es tarea fácil manufacturar una cinta del calibre de ‘Super 8′. De ahí, mi admiración instantánea. Veámos, el dúo mágico aquí reunido (J.J. Abrams & Steven Spielberg) consigue transportarnos, de nuevo, a los años 80. Jodido (o más bien, extraño) pero veraz. Sólo con el póster (con ese aire retro a ‘Blade runner’ o ‘Star wars’) ya nos enganchamos a tan nostálgica fórmula. A medio camino entre ‘Stand by me’ (1986), ‘The goonies’ (1985) y ’E.T.’ (1982), esta cinta consigue combinar, de un modo extraordinario, una serie de historias simultáneas que concurren con el fin de depararnos una aventura que hará las delicias de los pequeños, y los no tan pequeños (cuidado con ciertas escenas inquietantes con alma lostie).

El motor de combustión de esta pueril historia de aventuras, no es otro que un sentido homenaje (ya desde el título) a ese formato cinematográfico tan de andar por casa, el mítico Super8. Todo comenzará cuando unos chiquillos, rodando una cinta cutre de zombies, presencien un accidente ferroviario. Será la chispa que encienda la mecha para flamear un cocktail cargado de amistad, inocencia, amores juveniles, aflicción, ternura, músculo, comicidad y, sobre todo, un inquietante misterio por resolver en forma de ferrocarril descarriado. Todo servido mediante un guión tan chispeante como ingenioso, con un humor muy atinado y un punch que te mantiene en estado de vilo durante los 110 minutos de su metraje comercial.

Tiene el “valor añadido” de haber sabido tocar bastantes palos (aventuras, terror, romance, drama, ciencia-ficción, intriga) y que haya sonado, de tal mezcla, una buena melodía. Es, sin duda alguna, la obra maestra de J.J. Abrams, un gran vendedor de humo que aquí sustituye éste por la calidad de un homenaje nostálgico a los dorados, cinematográficamente hablando, años ochenta.

8/10

‘The ghost and the darkness’. Leónes y cazadores.

William Goldman, reputado guionista (aquí en su vertiente más comercial), nos traslada a la África de finales del siglo XIX, a través del personaje de John Patterson (Val Kilmer), un ingeniero puesto al servicio de la Corona británica y encargado de la construcción de un puente que cruce el río Tsavo, en tierras africanas. El objetivo último de ese capitalismo voraz y desenfrenado que representa a la perfección Tom Wilkinson no es otro que mantener la cabeza en la carrera por colonizar los territorios de un continente castigado por las fechorías del hombre blanco desde siglos atrás. Y ahí le va el oficio y el honor al pobre de Val Kilmer.

¿Cuál es el problema? Esto es África, muchachos. Es decir, la cinta descansa en el topicazo (increíble el safari inicial a lomos del ferrocarril) para elaborar una historia que gravite en torno a la peligrosidad que tiene para los hombres un animal tan salvaje como el león. No se trata aquí de retratar al león de a pie, no. Aquí son mega-leones, auténticos monstruos de la naturaleza que matan y comen por placer, no por hambre. Ello provocará el terror entre los habitantes del poblado, con la consiguiente demora en el trabajo del ingeniero, teniendo que encargarse éste, escopeta en mano, de resolver los problemas de seguridad de sus trabajadores.

En fin, historia a medio camino entre el terror y la aventura que ostenta como carta de presentación una factura técnica más que decente. Promete bastante al inicio, creando una atmósfera creíble a partir de la cual poder explicitar la acción (o el terror). No obstante, falla precisamente ahí. Una vez entra en escena el productor ejecutivo de la cinta, sí Michael Douglas, todo se viene abajo. La tensión existente al inicio comienza a esfumarse, la rutina de la que les imposible evadirse a Stephen Hopkins se apodera de la pantalla, y la caza acaba por convertirse en monotonía.

Irregular cinta que entretiene a ratos y que no acaba por definirse dentro del género de terror con animales (o derivados) de por medio. Esto es, no es una joya como ‘Jaws’ (1974) o ‘Jurassic park’ (1993), pero tampoco es tan cutre como ‘Anaconda’ (1997) o ‘Mandíbulas’ (1999). Un año después de su estreno, apareció un producto similar pero con un punto más de nivel: ‘The edge’ (1997).

5.5/10