Archivo de la categoría: Amor

‘La buena estrella’. Tristes y apaleados corazones.

Un carnicero madrileño recoge el producto que piensa vender a la mañana siguiente. De vuelta a casa, en medio de la oscuridad, se topa con una situación del todo incómoda: un chaval está apaleando a su novia. Él baja de la furgoneta y ahuyenta al tipo. A ella la ampara bajo su techo.

La clave de bóveda de la historia son los personajes. De hecho, la misma queda articulada en torno a tres bloques que se singularizan por rasgos diferenciadores de los mismos: ‘La tuerta’, ‘El guapo de cara’ y ‘El manso’. Las interpretaciones brindadas por Maribel Verdú, Jordi Mollà y Antonio Resines  respectivamente son uno de los puntos fuertes del film, sin duda. La profundidad con la que Franco pule y perfecciona a sus personajes define la capacidad y límites de la historia, el reparto se encarga de realizar el resto, esto es de darle sentimiento a la tinta y el papel, de exprimir todo su jugo. Y bien que lo hacen.

Lo cierto es que ‘La buena estrella’ es un drama del todo hiriente. No busquen la alegría en ella, puesto que apenas se percibe. Es una historia dolorosa acerca de dos náufragos, dos muchachos que nunca supieron encontrar el camino en forma de cariño, amor. Eran solitarios, errantes y taciturnos. Al menos hasta que apareció el tercero en cuestión: un carnicero bondadoso que acogerá entre sus brazos a la pobre Marina, terminando por enamorarse de ella. Una relación plácida, afectiva y tierna. Una historia de amor, veraz y creíble que comenzará a resquebrajarse un tanto con la vuelta del reo al hogar. La pobre Marina tendrá el corazón partido en dos, y Rafael quedará descolocado entre celos y hospitalidad, dolor y comprensión.

En fin, esta es la historia de gente que nunca tuvo buena estrella. Perdedores, fracasados. El dolor se apodera de nuestros huesos cuando vemos a la pobre Verdú moverse entre dos aguas, entre dos mares, uno agitado y feroz, el otro calmo y relajado, del todo dispares. Un buen drama. 

7.5/10

‘In search of a midnight kiss’. Noche de fin de año.

“El beso de medianoche, no es un beso cualquiera. En él se concentran las esperanzas y el romanticismo de todo el año. Y ese beso super valorado que requiere tantas llamadas, sms, planificación, prisas y copas para que se haga realidad, se da en un momento en el que el tiempo salta a la palestra, en el que se hacen evidentes el  peso del año que entra y las oportunidades perdidas del año que se deja atrás”.

Misántropo desearía conocer misántropa“. Así se lanza Wilson a buscar compañía para la noche de fin de año. A la desesperada. Y es que su año no ha sido fácil de digerir. Veámos, su novia le dejó. Esto es, tiene el corazón roto. Su proyecto de vida, ser guionista en L.A., se esfumó cuando un piltrafa cualquiera le robó su portátil (contenía el guión que pretendía vender). Además, rayando el patetismo absoluto, su mejor amigo lo cazó, in fraganti y de buena mañana, pajeándose mientras observaba una foto trucada de la novia de aquél. En fin, lastimero total. 

Sin embargo, ha sonado el teléfono. Es Vivian, su misántropa. ¿Será la mujer con la que tendrá su beso de medianoche?

Conmovedor relato protagonizado por dos vagabundos del amor, dos almas errantes que escapan de un año melancólico, hiriente y desolador, esperanzados por encontrar en el nuevo año el wind of change que cantaban los Scorpions. El autor de la obra, Alex Holdridge, consigue impregnarnos su nostálgico romanticismo a partir de una cautivadora puesta en escena y, sobre todo, de unos brillantes diálogos que nos permitirán empatizar, y de qué manera, con el feeling naciente entre nuestros entrañables desdichados. 

8/10  

‘Drive’. Un ejercicio de clase, cátedra de cine.

Driver es silencioso, introvertido y serio. También es rápido, astuto e intrépido. Todo lo combina cuando se pone al frente de un volante, bien cuando trabaja como especialista para los grandes estudios de Hollywood, bien cuando orquesta las fugas de cacos y criminales durante la noche. Su compañía más fiel es la de Shannon, un eterno perdedor. Puede que sea por estar a su lado, o puede que no, pero el caso es que Driver no regenta las mejores compañías de L.A.

Y ahí está ella, la dulce Irene. Ésa que le ganará su corazón. Igual que el muchacho, Benicio. Ambos son un salvoconducto para huir de la tristeza más profunda, y él, esto, lo defenderá hasta las últimas consecuencias. Nadie entendió que no lo hacía por dinero, sino por amor. Quedan pocos tipos como él.

Engalanada con una excepcional banda sonora, todo se mueve al compás que escribe Hossein Amini, a partir del material literario de James Sallis, y que dirige, con mucha clase y pulcritud, Nicolas Winding Refn (bravo por quién lo conociera antes de este film). Una factura técnica asombrosa que nos cautiva desde bien pronto, desde que aparecen los primeros títulos de crédito. Un prólogo tenso, frenético, con mucho brío. El aperitivo ideal. Y un reparto que deja a uno totalmente asombrado. Ryan Gosling está sensacional, puede que la mejor interpretación del año. Carey Mulligan, Albert Brooks, Christina Hendricks o Ron Perlman, lo bordan. Pero yo me quedo con el secundario del año, ése que encarna el fracaso y la derrota con la amargura requerida, un magistral Bryan Cranston. 

En fin, ‘Drive’ es la mejor película del 2011. Así como suena. Es solitaria, taciturna, melancólica. También es amarga, áspera. Dulce y conmovedora por momentos. Brutal, violenta y sanguinaria en otros. Siempre dolorosa, profundamente triste. Por encima de cualquier cosa: la mejor película de amor brindada en mucho tiempo.

9.5/10 

‘While you were sleeping’. Dulce navidad.

¿No han tenido nunca la sensación de emocionarse, sin saber muy bien por qué,  al ver una típica, tontorrona y pastelona historia de amor? Imagino que sí, puesto que a mi me ocurrió al ver ‘Mientras dormías’.

Hablamos de una de mis cintas navideñas preferidas. El alma de la misma es Lucy, una empleada del metro de Chicago y una auténtica vagabunda del amor. Ella sueña con que algún día logrará besar a Peter, un ejecutivo ricachón y guaperas al que ve diariamente en su parada de metro. ¿El problema? Él ni siquiera sabe que existe la pobre Lucy. Quién haya visto la peli, ya sabrá que el destino le dará una oportunidad a la desdichada. Pero también sabrá que “la vida nunca sale como la habías planeado“.

En fin, simpática, tierna y lograda comedia romántica que logra encandilarnos, gracias en parte a la meritoria labor de Sandra Bullock y Bill Pullman, quiénes se lucen de lo lindo en el papel de tortolitos. Lo dicho, un clásico de las navidades. No tiene desperdicio.

7.5/10

Spoiler

Peter me preguntó una vez cuándo te enamoraste de Jack, y yo le contesté mientras dormías…

‘Love actually’. Hipérbole navideña.

“Siempre que me siento pesimista por cómo está el mundo, pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así. A mí me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso ni tiene interés periodístico pero siempre está ahí. Padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, viejos amigos… Cuando los aviones se estrellaron contra las torres gemelas, que yo sepa, ninguna de las llamadas telefónicas de los que estaban a bordo fue de odio y venganza. Todas fueron mensajes de amor. Si lo buscarais, tengo la extraña sensación de que descubriríais que el amor en realidad, está en todas partes”.

Richard Curtis, un experto en combinar la comicidad con la sensiblería, se destapaba aquí con una comedia romántica del todo conseguida. Queda estructurada de un modo coral, dando como resultado un puzzle compacto en el que unas piezas brillarán más que otras, pero cuya esencia jamás será traicionada. Esto es, amor+navidad = hipérbole dulzona. Fórmula fácil, clara y sencilla. Si ven que esto no es lo suyo, no desperdicien su tiempo.  

Una gozada, en cambio, para quiénes les guste. Veámos que tenemos por aquí… amores nacientes (Hugh Grant y su asistenta), amores frustrados (Keira Knightley y Andrew Lincoln), amores infantiles (el huérfanito), amores encontrados (Colin Firth y la portuguesa), amores fraternales (agente y Billy Mack),  amores añejos (Rickman y Thompson), amores perdidos (Liam Neeson y su esposa), amores imposibles (Laura Linney y su compañero), amores prohibidos (Rickman y la secretaria), amores sempiternos (Linney y su hermano), amores gamberros (¿Wisconsin?¿Sexy acento inglés?) y amores predestinados (¡es lo que tiene ser dobles de actores porno!). La lista es larga, amplia y exagerada, de modo que no es difícil sentirse íntimamente representado en algún que otro personaje, ¿verdad? Además, la selecta y atinada BSO, contribuirá, y de qué manera, a la causa.

En fin, abran sus corazones para disfrutar, para emocionarse, para reír, para llorar o para ponerse morado de tanto sirope y algodón de azúcar, con ‘Love actually’. Es Navidad, y ya saben aquello que decía así… I feel it in my fingers, i feel it in my toes… Christmas is all around me, and so the feeling grows…

7.5/10

Spoiler

¿Una escena? Es difícil elegir, dada la batería de situaciones que aquí nos tenían preparada. No obstante, me quedo con el mítico e inigualable Hugh Grant y su arrebato vengativo/sentimental con el Presidente de los Estados Unidos (¡casi rompen relaciones diplomáticas!) por un asunto de faldas. Muy acertado.

‘Tequila sunrise’. Singular collage sentimental.

Uno, Mel Gibson, es traficante de drogas. El otro, Kurt Russell, es un impoluto agente policial. Tienen en común que son amigos (aún con intereses profesionales contrapuestos), y que ambos han quedado prendados por la belleza y sensualidad de Michelle Pfeiffer, una restauradora de prestigio. ¿Quién conseguirá llevarse el gato al agua?

Tendrán que ver ‘Tequila sunrise’ para saberlo. Lo que sí puede adelantarse es que hasta llegar a la resolución de tan sentimental cuestión, habrá que tragarse casi dos horas de “lucha” personal entre los dos amigos, moviendo cada cual los peónes de que dispone para conquistar el corazoncito de la Pfeiffer. De fondo, y a modo de amenizar el cortejo, presenciaremos una importante investigación policial, con Nick Frescia (Kurt Russell) a la cabeza, para capturar a un narco mexicano a punto de llegar a la ciudad gracias a la ayuda de Marc McKussic (Mel Gibson), lo cual hará soplar el viento (y la flecha de Cupido) en favor de uno u otro.

En fin, la historia no está mal y tiene a su favor el presentar una factura técnica más que correcta (a destacar Conrad L. Hall en la fotografía ), así como un reparto de lujo para un trío protagonista bien perfilado. No obstante, aún no estando mal, el guión parece estancarse, sucediéndose los acontecimientos de un modo excesivamente pausado, faltándole algo de punch a la historia para no caer rendida ante tan desagradable sensación: el tedio. El cocktail explosivo prometido se deja ver, aunque daba para más.

6/10 

‘Chico & Rita’. Jazz, amor y Cuba.

La Habana, final de los cuarenta. El es Chico, ella Rita. Unas imágenes fabulosas captan nuestra atención. Una música sensacional marca el ritmo. Todo al servicio de una bonita historia de amor.  Un amor situado entre la calma y la tempestad. Entre Cuba, New York y Las Vegas. Un amor  fraguado entre pianos, mojitos y bambalinas. Añorado por la partitura de una canción. Escondido entre el dólar americano, fiestas de la jet set y conciertos en París. Un amor perdido en el tiempo, obstinado en perecer.

El binomio Trueba-Mariscal no decepciona. El gozo visual ya vale por si mismo el precio de la entrada. Pero súmenle una banda sonora repleta de jazz cubano del bueno y una historia que es puro sentimiento.

‘Ju Dou’. Amor furtivo.

Ambientada en la China rural de los años veinte, Zhang Yimou prestará especial atención al retrato de esa sociedad tradicional y de marcado sesgo patriarcal, esencializada en la figura de “El tío”, aunque también palpable en todos los aspectos del film.

Una sociedad en la que irrumpirá un amor. Un amor furtivo, destinado a perecer. La rebelión sentimental se llevará a cabo en la oscuridad, sembrando secretos de alcoba que más tarde terminarán por aflorar, dando pie así a un conflicto emocional que terminará resuelto por el peso de la tradición.

Historia sencilla, pero intensa. Aporta pequeños momentos de grandeza que transmiten puro sentimiento. Nos contagia el dolor al contemplar lo natural de la tortura; la atracción reflejada en ese pequeño agujero; la osadía de buscarse y encontrarse; la felicidad por esos pequeños e inolvidables instantes; la pena de no saber olvidarse del entorno; la pesadumbre de vivir con el tío; la amargura por ese hijo que te odia, por ese amor furtivo.

‘Azuloscurocasinegro’. Extravagancia convertida en sentimiento.

Drama urbano que centra su historia en torno a Jorge, un muchacho arrepentido de ser quien es, un simple portero de finca. Enjaulado por su padre y con una novia frente a la que se siente en desventaja, su vida tomará un cambio radical cuando su hermano, encerrado en chirona, le proponga una plan un tanto peculiar: dejar preñada a su novia (cuñada). Todo se complementa con el personaje secundario de Raúl Arévalo, quién da más jugo a la historia con su personal tambaleo por los entresijos de la sexualidad.

‘Azuloscurocasinegro’ es un viaje muy especial. Un viaje personal, de toma de conciencia, de saber dónde estás y dónde puedes llegar. Una viaje en el que soltar lastre, olvidarte de prejuicios, y creer en tí. La óptica interclasista adoptada por Sánchez Arévalo da mayor vigor a la historia, haciéndote partícipe de esa rabia oculta debajo de un sucio uniforme, de esa lucha por superar un terrible complejo de inferioridad. Por cambiar, en definitiva, el color de tu vida.

‘Yo, también’. La complejidad de tenerlo todo.

Alegato necesario en pro de una minoría, que como todas, reclama su parte del pastel. Enfoca a los enfermos con síndrome de down desde otra perspectiva a la habitual, desde el lado de las personas. Todo se focaliza en torno a una relación amorosa entre Daniel, un meritorio Pablo Pineda, y Laura, a quien da vida Lola Dueñas en el papel de chica fácil.

El afán por vivir, por vivir con todas sus consecuencias, que mueve a Daniel, nos mantiene pegados a la pantalla. Irradia veracidad, irradia empatía, con ese pobre muchacho que tan sólo quiere una cosa tan sencilla como es tenerlo “todo”, entendiendo por ésto, amar y sentirse amado.

Spoiler

Llámenme retrógrado, llámenme conservador, pero ¿qué sucedería si Silvio Berlusconi en lugar de haber mantenido relaciones sexuales con una chica de 17 años, las hubiese tenido con una chica de 18 años con síndrome de down?

Hay ciertas convenciones sociales que merecería la pena no alterar. Puede que Pablo Pineda sea la excepción a la norma, pero Álvaro Pastor y Antonio Naharro entran en una senda demasiado peligrosa con el desenlace de la dolorosa historia de amor que mueve a ‘Yo, también’.