Dos caras conocidas, como eran las de Woody Harrelson y Wesley Snipes, suponían el principal reclamo allá por el lejano año 95 para acudir al cine y engullir las palomitas a un ritmo frenético y trepidante marcado por un tren del dinero que nos dejaba como principal legado el descubrimiento de la explosiva Jennifer López.
Si catalogamos esta cinta como género de acción, tendremos un resultado un tanto insípido y mediocre. A excepción de los últimos veinte minutos, la película gravita más en torno a la interacción dada entre los dos protagonistas. Éstos son unos hermanos un tanto peculiares, y distintos. Ambos son policías. Uno es negro y el otro blanco (cosas de la adopción). Uno es un patán que siempre está metiéndose en líos, y el otro es quién le salva el pellejo. No obstante, tienen algo en común: ambos han quedado prendados por las curvas de la López. ¿Quién se hará con el corazoncito de la latina?
Resultona cinta que toca distintos palos pero que no termina de explayarse en ninguno de ellos. No es un drama fraternal puro, tampoco una cinta de acción plena. Tiene toques cómicos, y le gustan los líos de faldas. En definitiva, un cocktail cargado de entretenimiento que sirve para llenar nuestros ratos libres cada tres quinquenios.
5.5/10