“El beso de medianoche, no es un beso cualquiera. En él se concentran las esperanzas y el romanticismo de todo el año. Y ese beso super valorado que requiere tantas llamadas, sms, planificación, prisas y copas para que se haga realidad, se da en un momento en el que el tiempo salta a la palestra, en el que se hacen evidentes el peso del año que entra y las oportunidades perdidas del año que se deja atrás”.
“Misántropo desearía conocer misántropa“. Así se lanza Wilson a buscar compañía para la noche de fin de año. A la desesperada. Y es que su año no ha sido fácil de digerir. Veámos, su novia le dejó. Esto es, tiene el corazón roto. Su proyecto de vida, ser guionista en L.A., se esfumó cuando un piltrafa cualquiera le robó su portátil (contenía el guión que pretendía vender). Además, rayando el patetismo absoluto, su mejor amigo lo cazó, in fraganti y de buena mañana, pajeándose mientras observaba una foto trucada de la novia de aquél. En fin, lastimero total.
Sin embargo, ha sonado el teléfono. Es Vivian, su misántropa. ¿Será la mujer con la que tendrá su beso de medianoche?
Conmovedor relato protagonizado por dos vagabundos del amor, dos almas errantes que escapan de un año melancólico, hiriente y desolador, esperanzados por encontrar en el nuevo año el wind of change que cantaban los Scorpions. El autor de la obra, Alex Holdridge, consigue impregnarnos su nostálgico romanticismo a partir de una cautivadora puesta en escena y, sobre todo, de unos brillantes diálogos que nos permitirán empatizar, y de qué manera, con el feeling naciente entre nuestros entrañables desdichados.
8/10