Buena película dentro del género, propia de los ochenta y con una dirección notable a cargo de John Carpenter, quien sabía sacarle todo el jugo posible a uno de los tantos relatos que posee esa máquina de hacer dinero que es Stephen King.
Veamos, un bonachón que alterna sus días de insti entre palizas y burlas, decide darse un gustazo y comprarse un coche parido, cómo no, en Detroit. Se llama, el coche digo, Christine. Y el tontorrón en cuestión, a lomos de la susodicha, pasará a ser… un auténtico sex-symbol en alza, un tipo con personalidad. ¿El problema? Pues que la pelirroja Christine es bastante celosa y no le gusta que nadie se fije en su chico.
No diré que desde que ví esta cinta los chasis me aterraban, ni que las radios me producían escalofríos. Tampoco que sentía repulsión por los guardabarros o los tubos de escape. Y, ni mucho menos diré que el olor a chamusquina del neumático quemado fuera la peor de mis pesadillas. A tanto, ‘Christine’, no llega. Sin embargo, lo que uno no puede negarle a esta cinta, es la capacidad que posee para crear una atmósfera tensa y angustiosa a partir de un chasis y cuatro ruedas. Buena banda sonora para mover tensamente esta siniestra historia en la que el bueno de Carpenter se regodeaba de lo lindo.
Mordaz sátira que focalizaba su atención en el culto, urbanita y occidental, hacia los automóviles. Cintas como esta nunca pasan de moda.
7/10