El terror, cinematográficamente hablando, ha degenerado en cosas como ‘Paranormal acitivity’. La gente ya no tiene miedo de tontainas que les da por coger cuchillos o motosierras para ir descuartizando por ahí al personal. Y, literalmente, se aburre con Shyamalan, Fresnadillo o Carpenter. Hay que buscar algo novedoso, que se meta de nuevo en la cocotera del público mundial y de con la tecla exacta del miedo.
¿Y qué mejor forma que hacerlo de un modo natural? Ahí parece estar el camino que ya abrieran en 1999 Daniel Myrick y Eduardo Sánchez con la mítica ‘The blair witch project’. Si allí eran estudiantes aterrados en un bosque, cuyos miedos eran “naturalizados” mediante las supuestas grabaciones por ellos rodadas y encontradas un año después, aquí son una pareja de tortolitos que “personalizan” sus miedos provenientes del mundo paranormal a través de una cámara de ultimísima tecnología con la que se graban a ellos mismos.
En fin, aburrida en su conjunto, parece que remonta el vuelo en los últimos quince minutos. No daña a los ojos su visionado, pero tampoco entusiasma, y ni mucho menos aterra (bueno va, lo reconozco, un pelín a ultimísima hora). Rodada con cuatro duros, los autores de esta cinta se han montado en el verde del dólar. Eso sí, no esperen de éllos una larga y próspera carrera cinematográfica, porque no la tendrán. Esta es su obra, su hit, su legado. Y a mí, la verdad, ni fu ni fa.
5.5/10










