A Lilja, el sueño americano le duró bien poco. Tanto como tardó su madre en abrirse de piernas con el primero que pasaba por allí, y dejarla tirada a élla, sin América, sin madre y sin dinero. La vida no fue justa con élla, nunca.
Ese ángel de la guarda al que tantas plegarias dedicaba, parecía haberse olvidado de la pobre Lilja. Nacida y criada en un barrio moribundo, de una ciudad moribunda, y en un país moribundo, estaba predestinada a la miseria. Tanto, o más, que Volodya, su fiel amigo y verdadero ángel de la guarda. De espíritu inocente, el mundo la devoró salvajemente.
Engañada y maltratada, su calamitosa existencia ha sido narrada, sin tapujo alguno, por Lukas Moodysson, quién, con este hiriente retrato, nos fuerza a abrir los ojos, denunciando una oculta realidad, hurgando en la herida y humillando a nuestras acomodadas conciencias.
8.5/10