‘Another day in paradise’. Generaciones perdidas.

El segundo largometraje de Larry Clark no se alejaba mucho de la línea establecida en ‘Kids’ (1995). Cierto es que con una historia distinta, pero con un trasfondo muy similar: el retrato de una adolescencia maltratada, errante y calamitosa.

Drogas, addiciones y robos marcan el día a día de nuestros dos protagonistas. Dos yonquis más, de apenas 16 años de edad. Malviven entre la escoria de su apartamento, camuflándose entre ella, sintiendo el poder del jaco en sus venas, en el fluir de la sangre, en su atozado coco.  Un mal robo con sangre a borbotones de por medio, supondrá poner en el abismo a Bobbie, debatiéndose entre la vida y la muerte, decantándose finalmente por la primera opción, gracias a la ayuda de un nuevo padre, Sammie.

Las andanzas entre el dúo adolescente y el dúo adulto suponen un continuum, una herencia de vida peligrosa, de pozo sin fondo, entre dos generaciones distintas, el ayer y el mañana, congeniando, para mal, en el hoy.

Un final terrible, lleno de horror. Nada es cálido en él, todo es tristeza y dolor, pesar y asfixia. Morir como salida, en soledad. No hay otra. Es una vida fugitiva, de aquél que escapa, que corre, que huye, hacia la nada.

7.5/10 

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