Rodrigo Sepúlveda nos transporte a un mundo decrépito. Un mundo vivido por alguien que sabe que apenas le queda tiempo. Ese es Caco, enfermo terminal que tiene una última ilusión: morir junto a sus hijos y la mujer que representa el amor de su vida.
Sin embargo, no acaba ahí. Además de eso, tiene una lista de planes: emborracharse, contemplar Valparaíso de noche, irse de putas y volver a sentir la brisa del mar. Todo ello con la complicidad de su familia, esa a la que debe decir adiós. En fin, sentimental historia que aunque no emociona plenamente, al menos sí logra sacarle a uno esa sonsira de complicidad, deseando una despedida tan digna.