Todos sabíamos que el estrambótico personaje ideado por Stieg Larsson había sido azotado por las mil y una inclemencias. Desde el maltrato físico y psíquico en su niñez hasta una reclusión en un hospital dirigido por un inmoral médico, para terminar con una vida tutelada por abogados sádicos y violadores. Una vida de mierda, basada en palizas, vejaciones y abusos a tutiplén.
En esta última historia, de largo la más pausada y farragosa de la saga, se trata de hacer justicia a la calamitosa existencia de Lisbeth Salander. El día del juicio final ha llegado. Para ello, Daniel Alfredson decide remontarse hasta los orígenes de la barbarie. Un viaje hacia al pasado, un viaje doloroso pero redentor. Es la hora de atar cabos sueltos, de limpiar el nombre de Salander.
La trama es salpicada por la lucha entre ambos bandos. De un lado, “La Sección”. Del otro, Blomkvist y Salander, como siempre. Queda el gigantón como cabo suelto. Es una historia más elaborada, no tan violenta, que decide centrarse ya más por la vía de lo legal, en lugar de lo criminal. Liberación o reclusión, he ahí la cuestión. Sea cual sea su destino, hay que estarle agradecido por habernos entretenido la velada.