Película que percibo como propia, pues es difícil no sentirse identificado en algún momento del film con esas almas errantes que se excusan en las comidas y sus batallas para desatar todos sus sentimientos.
Rezuma humanidad en cada plano, en cada segundo de metraje, en cada imagen y palabra. Muy atinada me parece, aún por inusual, la improvisación con la que se dota a los diálogos, reforzando esa idea de empatía que busca transmitirnos Jorge Coira. Hay fragmentos buenos, mejores y muy buenos. Merece la pena verla.