El cisne blanco, inocente y hermoso. A la medida de Nina, un monstruo de la perfección, con una vida dependiente del ballet, minuciosa y calculada. Títere de su madre, a quién rinde plena sumisión, fiel a sus directivas, entregando su vida por ella. El cisne negro, en cambio, es carnal y lujurioso, obsceno y pecador. No conoce de límites, es libertino y sexual. Está en las antípodas para Nina, casi imposible de alcanzar, a pesar de las instrucciones tentadoras de ese diablo llamado Thomas Leroy.
Será Lily, su principal competencia para el papel, la que haga mover la historia, volcándonos en esa enferma lucha moral entre el bien y el mal. Entre la sumisión y el desenfreno. Entre la alcoba vacía y el sexo lésbico. Entre la inocencia y los pensamientos impuros. Entre la perfección y lo terrenal.
Darren Aronofsky vuelve a sumergirse en la debilidad humana, como ya hiciera en ‘Requiem for a dream’ (2000) o ‘The wrestler’ (2008), para brindarnos una hermosa historia que gira en torno a una inocente alma encerrada en una vida que no es la suya, esperando a su príncipe azul, en busca de libertad, sin saber que pronto caerá sobre ella el engaño del lujurioso cisne negro, alcanzando con el fin de su existir la propia libertad que tanto anhelaba. Gran interpretación de Natalie Portman, poética historia, excelente fotografía e inolvidable escena la del cisne negro.
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