Esta es la historia del campanero de Notre Dame, Quasimodo. Una historia ambientada en el París medieval del siglo XV, diseñada a partir de un escrito de Victor Hugo por Gary Trousdale y Kirk Wise, dos cineastas que ostentan el privilegio de haber manufacturado dos de mis obras favoritas de la Disney: esta sobre la que hablamos así como ‘La bella y la bestia’ (1991).
Quasimodo nació deforme, la vida fue injusta con el desde el primer momento. Notre Dame lo salvó de Frollo, sirviéndole de refugio y cárcel a la vez, bajo el yugo de su tirano amo. Todo cambiará con la fiesta de los bufones del 6 de enero. Las simpáticas gárgolas que lo acompañan le animaran a bajar, atreverse a dar un paso en la plaza, conocer la realidad.
Esmeralda, Febo, Frollo, Quasimodo, gárgolas y bufones. La Disney le clava un fuerte punzón al mundo de apariencias instaurado en nuestra sociedad retrotrayéndose a la época medieval, echando por tierra no ya sólo el aspecto de la belleza física a través del personaje de Quasimodo, sino también la déspota e irracional actitud de Frollo frente al colectivo de gitanos (¿Frollo? ¿Sarkozy?).
‘El jorobado de Notre Dame’ es una preciosa historia que comprende y se aproxima al diferente, en lugar de maltratarlo y recharzarlo. Habla de minorías marginadas, de déspotas y de revoluciones. Tiranos que azotan a los más débiles. Posee una moraleja final que otorga una sabia lección a los más pequeños. Una de las películas de mi infancia. Una de las mejores historias de la Disney.