‘Decálogo’. Parte VIII: No levantarás falsos testimonios ni mentiras.

Una anciana profesora acude, como marca la rutina, a impartir su clase de ética en la universidad. La mención de una joven a la historia del segundo mandamiento del propio decálogo, llevará a la profesora a resaltar que, en cualquier momento y situación, lo más importante siempre es salvar la vida del niño. Esta afirmación servirá como detonante para que una mujer llegada desde los Estados Unidos explote y haga estallar sus sentimientos.

A través de este octavo mandamiento nos sumergimos en una abrasadora denuncia acerca de la barbarie que supuso el holocausto nazi. Aunque Kieslowski no se sirve de metralletas, rudos arios ni nada por el estilo. Le basta la fría Varsovia. Le basta un triste portal. O un modisto que prefiere olvidar antes que vengar, pues la derrota fue tan amarga que casi lo vació en su interior. En definitiva, es una denuncia hacia esa doble moral de la ciudadanía católica polaca. Gente que prefirió mirar hacia otro lado, quizás por miedo, antes que enfrentarse a la locura que tenía ante sí. Por tanto, es un punto de vista muy personal el retratado en esta cinta, pudiendo levantar más de un debate, lo que parece claro es que el terror de las víctimas sigue latente, un terror imperenne.

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