Tomek tiene un carácter introvertido. Quizás fue su estancia en el orfanato lo que le hizo así. El caso es que el chaval pasa las horas recluido en su habitación, su mundo. Allí, a través de unos prismáticos y un telescopio, acompañado de una lamparita, pasa las horas observando a su atractiva vecina, Magda, una mujer insensible que en el momento de conocerle comenzará a jugar con el propio muchacho.
Kieslowski, dentro del sexto mandamiento con temática “no cometerás actos impuros”, retrata un peculiar amor, un amor atípico. Casi imposible. La locura de Tomek se desata ante la frialdad (sinónimo de humedad) de Magda acerca de lo que es el amor. En definitiva, es una historia, como la mayoría de este decálogo, muy personal que retrata el sentimiento de ese solitario joven en busca de amor, de felicidad, de llenar su, hasta ahora, desangelada vida. Es inquietante, conmovedora e hiriente.
