‘Minority report’. Cocktail a lo Spielberg: reflexión, futuro, acción.

El contexto sencillamente es brutal, de una ambientación futurista increíble. El marco idóneo para que Spielberg se luciera y desarrollará esa trepidante trama de crímenes, trampas e ineficiencias del sistema de pre-crimen (dejemos la ética a un lado). Nos regala 140 minutos, con algún altibajo (hay momentos en los que la jeta de Cruise sobrecarga la pantalla), que se le pasan a uno volando. No llega a ser una obra maestra, pero tiene alma de gran película (sobre todo, por esa reflexión que surge de ese monstruo llamado pre-crimen, complementada ésta por esos destellos futuristas), con la limitación de que acaba centrándose en la acción más que en la reflexión, alargando, quizás, en exceso la historia y sacando el sirope en los últimos momentos.

Pese a todo, tal cosa sólo podía salir de la mente de aquel excéntrico drogadicto llamado Philip K. Dick, y ser filmado por uno de los grandes de la industria del cine: el genial Steven Spielberg. Cine a caballo entre las palomitas y la reflexión de cuya combinación sale un entretenimiento gozoso, trepidante, que deja a uno satisfecho y ciertamente anodadado por ese futuro contextual tan llamativo como inquietante. Más que buena.

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