‘Albino alligator’. Esperaba más de ella.

Un tal Kevin Spacey, casi nada, debutaba en el mundo de la dirección, allá por 1997, con “Albino alligator”, mal traducida aquí, siempre, como “La trampa del caimán”. Una película que cogí con grandes expectativas, esperando bastante de ella, pues portaba certificado de calidad (las alabanzas eran unánimes).

Tras verla, sucede lo que, en muchas ocasiones, ocurre: defrauda. Esperas tanto de ella, que no resulta. Matt Dillon, Gary Sinise y William Fichtner son tres atracadores de poca monta que, sin comerlo ni beberlo (es decir, atropellando a un policía después de salir por patas tras su chapucero asalto), se ven envueltos en una operación policial contra un importante delincuente. El caso es que todos (y de manera muy facilona, el papel de Viggo es crucial) acaban envueltos en un garito-sótano rodeados de policías armados hasta los dientes.

Kevin Spacey y el guionista se dedican a mostrarnos como tratar de salir de ahí, de ese embrollo. Contínuos diálogos, dilemas, confrontaciones, algún giro barato en el guión (malos, hermanos, madres e hijos) y poco más. La tensión que inunda la relación entre los secuestradores y los secuestrados prácticamente no la percibo. Y ahí es donde chirría. De todas formas, no disgusta su visionado. Eso sí, no esperan la obra maestra que yo buscaba en ella porque no la encontrarán.

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