El bueno de Dennis Quaid es un científico abocado hacia el éxito o el fracaso total. Está metido en una investigación que daría un vuelco a la ciencia, acerca de minituriarizar a los humanos. Tras un intento de robo del chip prodigioso que materializa tal proceso, el pobre científico y su nave, acabará metido en el cuerpo del tío más tonto de San Francisco, debiendo buscar, ambos, la ayuda de Meg Ryan para solucionar tal desaguisado.
Steven Spielberg producía, Joe Dante dirigía. El mismo tándem que me apasionó de nano con los Gremlins, no me acabó, en cambio, de convencer con su nuevo chip. El problema, en esta ocasión, es que esta peli no la he cogido con la edad que tocaba. Pese a todo, un entretenimiento alucinante, con un viaje, el de Quaid, fuera de lo común. Es una historia simple, en el buen sentido de la palabra, con buenos y malos, y muchas aventuras entre medias (menudo personaje el de Martin Short). Además, unos efectos especiales, para aquel entonces, de categoría. Como curiosidad (prensa rosa total), sirvió para que Quaid y Meg Ryan comenzarán su idilio amoroso en pleno rodaje. En fin, una superproducción hollywoodense que cumple con su objetivo: entretener, sin más.