
Estamos en Detroit en un futuro no muy lejano. Las corporaciones se han hecho dueñas y señoras del mundo. La OCP es quien domina en la ciudad de Detroit, ejerce el control sobre el brazo ejecutor del Estado, la policía. Un cuerpo utilizado para sus oscuros planes: la construcción de Delta Ciudad, una metrópolis para la que serán necesarios dos millones de obreros. Claro está, Detroit (o Detroit viejo como dicen ellos) es una ciudad castigada por el sistema. Una ciudad donde la criminalidad ha aumentado de forma exagerada. Una ciudad en la que es utópico pensar en la construcción de esta nueva ciudad, si primero no se limpia la vieja. Y para ello se necesita una policía eficaz y eficiente.
En medio de esta historia se encuentra Alex Murphy. Un agente de policía que en el ejercicio de su trabajo se topará con la banda de criminales más peligrosa de la ciudad. Murphy no podrá escapar con vida de la emboscada tendida por sus verdugos. Su cuerpo será utilizado para formar al policía del futuro: Robocop. Mitad hombre, mitad máquina.
En la búsqueda de ese cuerpo policial eficaz, los departamentos de la OMC lanzarán varias propuestas. Por un lado, un veterano de la compañía apostará por el robot ED 209. Por el otro, uno de los empleados más jóvenes se atreverá con su propuesta de Robocop. En esta lucha por conseguir que sus distintas propuestas sean las seleccionados, descubriremos los oscuros entresijos de las corporaciones. Hasta dónde son capaces de llegar para imponer sus ideas.
En apariencia, parece una cinta de acción con toques de ciencia-ficción. En el fondo, no es sino una sátira de la Norteamérica de los 80. Años en los que se rodó la cinta. Unos 80 dominados por Ronald Reagan. La década pérdida. Una década en la que las corporaciones irrumpieron con todas sus fuerzas. Es una película que se regocija en las desgracias de los aclamados yuppies de aquellos tiempos. Robocop no es una película de disparos fáciles ni de explosiones por doquier. En todo caso, sus disparos son certeros y tienen claro su destino.
Se estremece uno al pensar en qué hay de cierto o qué hay de futurista en esto de la búsqueda del policía perfecto para sanear las ciudades. Para mantener controlada a la población ante posibles conflictos. ¿O acaso, sin irnos más lejos de Valencia, no existe hoy en día un terrible fenómeno de aumento de la seguridad?, ¿Hasta dónde llega la protección sin entrometerse en el camino de la violación?, ¿En qué medida es controlada (incorrectamente) la policía por los poderes para mantener su legitimación?. Quizás la OCP sea la tirana que pensó Paul Verhoeven en sus imaginaciones burlescas de aquellos 80, y es obvio que esas imaginaciones no estaban alejadas de la realidad. Pues, por desgracia, hay muchas OCP en el mundo. Y muchos Robocops (no renegados) andan sueltos.
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